La Ciudad

Las sevillanas, que no cumplen con la hora, se pierden entre Rosalía o Bizarrap

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Aunque las casetas flamencas están obligadas por Festejos a poner música de sevillanas hasta las 2.00 horas, pocas cumplen con el horario y concentran el mayor ambiente festivo del Real que sucumbe a los ritmos del momento y deja atrás las tradiciones.

Había ganas de feria. Muchas. Nadie lo dudaba. Pero ha quedado corroborado desde que el sábado la portada del Real prendió de luz. Desde entonces el recinto se ha convertido cada noche en un hervidero caballas y foráneos que hace retrotraerse mucho al pasado para recordar un aforo de estas dimensiones, sobre todo, los días entre semana. “Para ser martes no está mal” ¿No está mal? Está a reventar”, comenta un grupo en el intento de arrancar una mesa donde meterle al cuerpo un  refrigerio típico de las fiestas para continuar con la sesión nocturna.

Los manjares culinarios son de los pocos elementos característicos de estas fiestas que en estos tres años de vacío no se han perdido por el camino como si lo ha hecho una de las señas más distintivas que tiene esta feria y cualquier otra: la música. La de sevillanas, por supuesto. Pese a que la viceconsejera de Festejos, Adela Nieto, dejó muy claro durante la presentación del programa de las fiestas que le habían puesto como línea roja a las casetas de flamenco la obligación de poner sevillanas hasta las 2.00 horas.

Pero ni a las 2.00, ni a las 24.00 horas. Las casetas de la principal calle del Real, que se ha convertido en el epicentro de la fiesta, el jolgorio y la algarabía este 2022, prefieren el raegueton (antiguo y nuevo) y sucumben ante Rosalía o Bizarrap como relevo a las tradiciones.

Son más de las 23.00 horas y en la caseta de las Penas no cabe un ápice, como ocurre entre sus vecinas. Unos se levantan y otros entran. Es hora clave para cenar. Sevillanas de fondo eclipsadas por el jaleo de conversaciones y risas. Pero empieza a sonar Raya Real con sus farolillos e inunda el interior impulsados por una mesa de animosos con sus palmas. “Esto si es feria”, comentan en otra mesa. Poco más. De la silla y las palmas no pasa. Un ambiente extrapolable a cualquier otra caseta de la misma calle donde se hace difícil ver a parejas bailando de la primera a la cuarta.

A medida que los platos se vacían y las cocinas se relajan, aumenta el volumen del sonido. Pasan las 24.00 horas. Alguna sevillana de fondo difícil de percibir. “Escucho más a los de al lado que la de aquí”, se quejan en Los Varales. Los tradicionales sonidos se pierden entre temas del momento y otros que coparon las listas del verano hace una década. Pop, raegueton, salsa o bachata suenan antes de las 2.00 horas entre multitudes de edades varias, con medias que rondan los treinta y algunos, que han vuelto a enganchar la feria con más ganas que nunca, aunque más la fiesta que la tradición.

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