Entre hierros retorcidos, silencio y un ir y venir constante de equipos de emergencia, el general de División Luis Ortega resumía este jueves la situación con una frase que pesa: “Nos quedan dos desaparecidos por recuperar”. A cuatro días del accidente ferroviario de Adamuz, el escenario sigue siendo duro de mirar y aún más de trabajar.
Un trabajo lento, pesado y con cuidado extremo
Ortega, jefe de la 4ª Zona de la Guardia Civil, acompañó a la vicepresidenta Yolanda Díaz en su visita a la zona cero. Allí confirmó que ya se han recuperado 43 cuerpos y que 41 están identificados. Las familias, mientras tanto, siguen recibiendo llamadas que nadie quiere recibir.
Las labores más complicadas se concentran en el Alvia Madrid–Huelva. Sus dos primeros vagones quedaron hechos añicos y encajados en una pequeña vaguada. Para acceder, los equipos han tenido que meter maquinaria pesada, cortar piezas, levantar otras, avanzar casi a pulso. “La última víctima la hemos sacado hace hora y media”, explicaba Ortega, dejando claro que el tren sigue “a medio desguazar” y que aún queda trabajo por delante.
El ministro Puente insiste: “Es un accidente muy extraño”
Mientras los equipos siguen en el terreno, el ministro de Transportes, Óscar Puente, intenta poner algo de luz sobre las causas. Y lo hace con cautela, pero también con insistencia: sería “muy raro” que el Iryo, un tren prácticamente nuevo, fuese el origen del siniestro.
Puente recuerda que tanto el tren como la vía habían pasado revisiones recientes y exhaustivas. La infraestructura, dice, superó todos los controles: auscultación dinámica, geométrica, visual y otra revisión en enero. Nada hizo saltar las alarmas.
Lo que sí ha llamado la atención son unas muescas detectadas en el Iryo y en otros dos trenes que pasaron por la zona menos de una hora antes del accidente. En los anteriores, nada. “Tiene que ser algo que ha surgido en cuestión de minutos”, apunta el ministro, si es que la causa está en la vía.
Responsabilidades: “Las que sean necesarias”
Puente no rehúye la cuestión de las responsabilidades. “Por acción u omisión”, dice, quien tenga que asumirlas, lo hará. Él asegura tener la conciencia tranquila y repite que su prioridad es ofrecer la verdad a las familias, caiga donde caiga.
También advierte de que, si finalmente la causa estuviera en el tren, el problema sería mayor: hay otros 20 modelos iguales circulando por la red. Y si fuera la infraestructura, tocaría revisar protocolos y quizá abrir una nueva etapa en la gestión ferroviaria.
Un país pendiente de dos nombres
Mientras las investigaciones avanzan y los técnicos revisan cada centímetro de vía y cada resto de vagón, la realidad es que aún faltan dos personas por encontrar. Dos nombres que no aparecen en ninguna lista de identificados y que mantienen en vilo a sus familias.
En Adamuz, el ruido de la maquinaria y el olor a metal quemado conviven con un silencio que lo dice todo. El país mira hacia allí esperando respuestas. Y, sobre todo, esperando que no haya más víctimas que sumar.