El Gobierno ha decidido poner fin a una de esas molestias cotidianas que todos compartimos: las llamadas comerciales de las eléctricas a cualquier hora del día. Sí, esas que siempre llegan cuando estás preparando la cena o intentando echar la siesta. El nuevo reglamento aprobado este martes corta por lo sano: se acabaron las llamadas si el consumidor no las ha pedido expresamente. Así de simple. Así de necesario.
Según el documento oficial, “el Decreto prohíbe, con carácter general, las llamadas telefónicas a los hogares para hacer publicidad”, una frase que muchos celebrarán como si fuera un gol en el último minuto.
Pero la cosa no se queda ahí. El Gobierno ha aprovechado para meter mano a un sector que llevaba años acumulando quejas. A partir de ahora, cambiar de compañía será más fácil y rápido: un máximo de diez días. Y sin penalizaciones eternas. De hecho, el propio texto recoge que “los hogares y pymes podrán rescindir sus contratos en cualquier momento, sin penalización”, salvo alguna excepción muy concreta. Una pequeña revolución para quienes se sienten atrapados en contratos que nunca terminan.
Los consumidores vulnerables también ganan terreno. Si alguien con bono social decide pasarse al mercado libre, la comercializadora tendrá que explicarle negro sobre blanco cuánto pagará de más o de menos y pedirle un consentimiento expreso. Nada de cambios camuflados entre letra pequeña.
Otra novedad llamativa: las comunidades autónomas podrán declarar “esenciales” los suministros de quienes reciben el bono social, lo que en la práctica significa blindarles frente a cortes de luz por impago. Una medida que, en ciudades como Ceuta, donde la vulnerabilidad energética no es un concepto abstracto, puede marcar una diferencia real.
El reglamento también obliga a las compañías a ponerse las pilas con la atención al cliente. Reclamaciones por escrito, respuestas en 15 días y la posibilidad de que cada empresa tenga su propio “Defensor del cliente” con decisiones vinculantes. Veremos si esto se traduce en algo más que un buzón bonito.
Y para quienes buscan exprimir cada euro de la factura, llegan nuevas opciones: contratar con varias comercializadoras a la vez, cambiar de potencia por meses, días u horas, o incluso acudir directamente al mercado mayorista. Opciones que suenan a futuro, pero que también exigirán al consumidor estar más informado que nunca.
En resumen, el Gobierno ha movido ficha en un tablero donde las eléctricas jugaban con demasiada ventaja. Falta ver cómo aterriza todo esto en la vida real, pero al menos una cosa está clara: si suena el teléfono a la hora de la siesta, ya no debería ser para venderte una tarifa “irrepetible”.