El Ministerio de Igualdad ha puesto sobre la mesa un mensaje claro tras el último comité de crisis por los asesinatos machistas: hay mujeres a las que el sistema sigue sin llegar a tiempo. Y no porque no existan recursos, sino porque sus vulnerabilidades —migración, maternidad en solitario, dependencia económica, salud mental o rupturas conflictivas— se entrecruzan y las dejan atrapadas en un laberinto del que es más difícil salir.
El informe, elaborado tras revisar los asesinatos de noviembre y diciembre de 2025 y un caso de septiembre, vuelve a señalar algo que ya sabemos pero que cuesta asumir: la violencia se denuncia poco. De los 11 casos analizados, solo dos tenían una denuncia previa. Uno de ellos, además, fue activado por la Policía a través del protocolo cero. Cuando el sistema conoce lo que ocurre, las posibilidades de que la mujer salga viva de la violencia aumentan. Cuando no, el riesgo se dispara.
Por eso Igualdad insiste en algo que interpela a toda la sociedad: no mirar hacia otro lado también es una forma de protección. Y no hacerlo puede ser delito.
Vulnerabilidades que pesan
Cinco de las once mujeres asesinadas eran extranjeras y todas tenían hijos a su cargo. Un dato que no es menor: muchas no denuncian por miedo a lo que pueda pasar con sus hijos si rompen con el agresor. Igualdad pide a comunidades y ayuntamientos que trabajen más de cerca con asociaciones de migrantes para que estas mujeres conozcan sus derechos y los recursos disponibles. Que nadie quede fuera por desconocimiento o por miedo.
El informe también subraya un patrón que se repite año tras año: la fase de ruptura es uno de los momentos de mayor riesgo. En cinco de los asesinatos, la relación estaba en proceso de separación; en tres de ellos, la pareja seguía conviviendo. Una bomba de relojería.
Salud mental y violencia: señales que no se pueden ignorar
Otro punto que Igualdad quiere que no pase desapercibido: la salud mental importa. En tres de los casos, el agresor se suicidó después del asesinato; en otros dos, lo intentó. El Ministerio de Sanidad y la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género trabajan en un estudio específico sobre suicidio y violencia machista para mejorar la detección de señales de riesgo, especialmente cuando hay depresión de por medio.
Además, tres de las víctimas eran mujeres plurivictimizadas, con varios agresores a lo largo de su vida. Igualdad reclama más formación para detectar estos casos desde la sanidad y los servicios sociales, porque requieren una mirada más fina y especializada.
Y un toque a los medios
El informe también deja un recado para quienes contamos estas historias: poner el foco en el agresor y en las consecuencias de sus actos, no solo en la víctima. Un recordatorio de que la narrativa importa y de que la forma de contar también puede prevenir.