Durante la madrugada del sábado 29 al domingo 30 de marzo, España ha vuelto al horario de verano. Adelantar el reloj una hora implica dormir menos, pero disfrutar de más luz por la tarde. Sin embargo, este ajuste vuelve a poner sobre la mesa un debate recurrente: ¿compensa realmente este cambio? ¿Qué efectos tiene sobre la salud y el consumo energético?
Alteraciones en el sueño y la salud
Dormir una hora menos no es solo una cuestión de rutina. Según los expertos, adelantar el reloj desajusta el ritmo circadiano, provocando somnolencia, irritabilidad y problemas de concentración. Este desfase entre el reloj social (horarios laborales o escolares) y el biológico (marcado por la luz natural) hace que muchas personas despierten antes de lo que su cuerpo considera adecuado.
Los más afectados son los niños y las personas mayores, cuyo reloj interno es menos flexible. En los menores, pueden aparecer síntomas como irritabilidad, falta de apetito o bajo rendimiento escolar. Para ayudar en la adaptación, se recomienda exponerlos a la luz natural por la mañana y fomentar la actividad física temprana.
La Federación Española de Sociedades de Medicina del Sueño (FESMES) advierte que el 60 % de la población ya duerme menos de lo aconsejable, y el cambio horario no hace más que agravar el problema. Aunque se agradece la luz extra por la tarde, también puede llevar a acostarse más tarde, reduciendo la calidad del descanso.
Además del sueño, el cambio horario afecta el apetito. La alteración del ritmo biológico puede retrasar las comidas y fomentar cenas más tardías, justo cuando el cuerpo necesita iniciar su descanso. También aumenta la vida social en horarios nocturnos, lo que puede repercutir en la digestión y el sueño.
¿Se ahorra realmente energía?
Cada año, con la llegada de marzo y octubre, se reactiva el debate sobre la utilidad del cambio horario. ¿Se justifica esta medida por el ahorro energético que genera?
El Ministerio para la Transición Ecológica reconoce que los posibles ahorros son “marginales” y que no está claro que se produzcan en todos los países de la UE. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) estima que el ahorro en iluminación alcanza un 5 %, lo que se traduce en unos 60 millones de euros anuales en el conjunto de los hogares españoles.
Greenpeace, por su parte, valora la iniciativa como “asimilada por la ciudadanía”, aunque considera que es “claramente insuficiente” para lograr un verdadero ahorro energético.
La idea más repetida es que, aunque el cambio horario tiene cierto impacto positivo, este no alcanza la magnitud necesaria para contribuir de forma significativa a la transición energética. De hecho, ese 5 % de ahorro sigue sin estar alineado con los objetivos de reducción de emisiones y promoción de energías renovables.
¿Cómo afecta en casa?
El ahorro que se puede notar en los hogares depende en gran parte de los hábitos de consumo. El IDAE aclara que sus cifras parten de un escenario ideal, con un uso eficiente y responsable de la energía.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) estima que el ahorro real en una vivienda es de apenas 0,30 € por cada hora. Es decir, casi simbólico. Por eso, más allá del cambio horario, la clave está en optimizar el uso de luz artificial y renovar el sistema de iluminación por tecnologías más eficientes.
¿Tiene futuro el cambio de hora?
La crisis energética y el encarecimiento de la electricidad han reavivado la necesidad de medidas de ahorro. En este contexto, la Unión Europea mantiene abierto el debate sobre eliminar o mantener el cambio estacional de hora.
En España, el Gobierno aún no ha tomado una decisión definitiva. Según una encuesta del CIS, el 70,9 % de los ciudadanos prefiere el horario de verano, y un 65 % está a favor de eliminar el cambio de hora. A pesar de ello, y de que Bruselas ya planteó su eliminación en 2018, el sistema se mantendrá al menos hasta octubre de 2026, según el calendario oficial publicado en el BOE.