Después de dos meses de intenso trabajo, el contingente marroquí desplazado a la provincia de Valencia para colaborar en las labores de limpieza se prepara para regresar a casa. Junto a ellos, los integrantes del operativo de coordinación del Ministerio del Interior, compuesto por cuatro representantes de la Delegación del Gobierno de Ceuta, culminan una labor extenuante pero esencial para ayudar a las localidades afectadas por las riadas provocadas por la DANA del pasado 29 de octubre a recuperar cierta normalidad.
Un centenar de trabajadores marroquíes, procedentes de ciudades como Tánger, Kenitra, Casablanca, Tetuán o Mequinez, llegó a Alfafar en la primera quincena de noviembre. Equipados con una treintena de camiones especializados en desatranques, se embarcaron en la misión de intervenir en los sistemas de alcantarillado de las zonas más afectadas, conocidas como la "zona cero". Tras despejar kilómetros de alcantarillas bloqueadas por un lodo espeso, pasaron a limpiar toneladas de fango que inundaban centenares de garajes en municipios como Paiporta, Picanya, Catarroja, Benetússer, Sedaví, Algemesí, Cheste, Chiva o l'Alcúdia. Más de 15 localidades y entre 150 y 200 garajes se beneficiaron de centenares de horas de intenso trabajo.
El contingente llegó a España a bordo de un ferry desde Tánger con destino Motril, transportando 70 operarios y 24 camiones cisterna para la extracción de lodo. Días después, se unió un segundo convoy con 13 camiones y 35 trabajadores adicionales, consolidando la mayor operación de ayuda internacional en suelo español tras las riadas. Esta iniciativa ha sido liderada por la parte de Marruecos por el coronel Jamaleddin Elmegnouni, mientras que el equipo español ha estado compuesto por Gonzalo Sanz, Abdelhay Mohamed, Abselam Abdel Lah y Esteban Rodríguez, quienes desempeñaron roles específicos dentro del operativo.
Antes de su partida, Ceuta Actualidad acompañó a estos trabajadores en su jornada diaria, observando de primera mano la coordinación y dedicación del contingente. La rutina comenzaba a las 7:30 en el puesto de mando en Alfafar, donde se organizaban los equipos y las tareas del día. Estas se distribuían la noche anterior, bajo la supervisión del coronel Elmegnouni, quien utilizaba un sistema digital para asignar los "tajos". No todas las calles eran aptas para los grandes camiones, equipados con sistemas de agua a presión y bombas de absorción de residuos líquidos, lo que añadía complejidad a la misión. Garajes en fincas o en locales comerciales han sido objeto de su trabajo en la segunda fase de la operación 'Valencia' para los de Marruecos.
Al mediodía, los operarios que habían terminado sus tareas regresaban a Alfafar para disfrutar de platos típicos marroquíes, preparados gracias a la gestión de Abselam Abdel Lah, que contactó con un restaurante local dirigido por una cocinera marroquí. Los que no podían regresar recibían el aprovisionamiento en sus puestos y continuaban trabajando sin perder el ánimo.
Lejos de sus familias y hogares, los trabajadores se mostraban siempre cordiales y animados, incluso mientras lidiaban con el lodo que han retirado, que, según Gonzalo Sanz, "llenaría más de 50 piscinas olímpicas". Durante su labor, el contingente marroquí ha colaborado estrechamente con militares españoles de la UME así como de otras unidades, quienes facilitaban el proceso al despejar con agua a presión el lodo más espeso para que los camiones marroquíes pudieran aspirarlo. Pero el fango más denso, que requería esfuerzo manual, era trasladado a contenedores especiales por equipos conjuntos de ambas nacionalidades. Una labor conjunta para limpiar la zona o para resolver un problema, como una manguera de succión atascada.
La jornada finalizaba a las 16:30, cuando los operarios vaciaban los depósitos de sus camiones y regresaban al puesto base para revisar los vehículos, asearse y cenar, repitiendo esta rutina seis días a la semana durante casi dos meses. Una rutina que no ha borrado de sus rostros la sonrisa ni ha mermado sus ganas de colaborar para que los pueblos afectados en los que han estado trabajando recobren la normalidad.
La destrucción de las riadas ha dejado cifras demoledoras: 224 muertos, en Valencia, tras fallecer una mujer que permanecía ingresada; de las 130.000 viviendas ubicadas en las zonas inundadas, el Consorcio de Compensación de Seguros contabiliza 48.003 casas dañadas, una cifra que solo contempla las viviendas aseguradas; y unos 140.000 vehículos además de miles de toneladas de residuos que aún se pueden ver las calles de las localidades afectadas.
Aunque la misión del contingente marroquí ha concluido, el desafío para Valencia continúa. Quedan centenares de garajes inundados, miles de vehículos por retirar y viviendas por rehabilitar. Esta labor, sin precedentes en España, se ha beneficiado del apoyo solidario de Marruecos, cimentado en el Convenio de Protección Civil firmado en Rabat en 1987. Este acuerdo estableció un marco de cooperación técnica y asistencia mutua entre ambos países, reforzado por la labor de la Comisión Mixta.
La oferta de ayuda marroquí, una de las primeras en llegar tras las riadas, inicialmente estaba prevista para un mes, pero se extendió a dos. Este 10 de enero, los operarios ya estarán en sus hogares con la satisfacción del deber cumplido, aunque conscientes de que aún queda mucho trabajo por hacer para devolver la normalidad a las zonas afectadas, donde han recibido el cariño de los vecinos que han sido conscientes del compromiso de Marruecos con ellos.