El PSOE acusa al Gobierno local y a Tragsa de un trabajo “a medias” que pone en riesgo la seguridad marítima y el patrimonio. Ramírez reconoce calados irregulares y anuncia una campaña geofísica en septiembre de 2025.
El dragado del Foso Real, una de las intervenciones más esperadas en una infraestructura tan simbólica como estratégica para Ceuta, ha vuelto a colocarse en el centro del debate político. La actuación, ejecutada por Tragsa, llegó al Pleno de la Asamblea a través de una interpelación del portavoz socialista, Sebastián Guerrero, que acusó al Ejecutivo local de haber hecho un trabajo “a medias” y de haber comprometido la seguridad marítima, la actividad económica y el patrimonio histórico de la ciudad.
“El Foso Real es un orgullo de los ceutíes, una seña de identidad que debemos proteger. Después de gastar dinero público seguimos con las mismas rocas, los mismos riesgos y un dragado que apenas ha servido para nada”, reprochó Guerrero. El socialista denunció que el procedimiento permitió retirar arena, pero dejó intactas las zonas rocosas que suponen un obstáculo real para la navegabilidad. Además, alertó de que profesionales del sector han advertido de la aparición de nuevas corrientes que podrían complicar la actividad de embarcaciones ligeras y pescadores.
La polémica ambiental
Guerrero puso también el foco en la suspensión temporal de los trabajos tras detectarse especies protegidas. “Esto demuestra que no había un estudio ambiental serio. Si se hubiera hecho bien, no habría habido parones imprevistos”, señaló, reprochando al Gobierno haber rechazado propuestas socialistas para realizar un censo de especies autóctonas en la ciudad.
En su réplica, Alejandro Ramírez, consejero de Fomento, defendió que el proyecto sí contemplaba medidas de contingencia y estudios ambientales previos. “La aparición puntual de ejemplares no previstos está contemplada en este tipo de actuaciones. No se ha improvisado”, sostuvo.
Ramírez admite resultados insuficientes
Ramírez recordó que el dragado fue un encargo de la Ciudad a Tragsa, empresa pública estatal dependiente del Ministerio. “Todas las quejas se trasladarán también a la Delegación del Gobierno y al propio Ministerio”, apuntó, tratando de desplazar parte de la responsabilidad.
El consejero admitió, no obstante, que el volumen de material retirado fue inferior al previsto y que persisten zonas con calados irregulares. “No estamos satisfechos con el trabajo, porque no está finalizado. El objetivo es alcanzar los tres metros de profundidad en todo el canal, pero es una actuación muy compleja, condicionada por la protección ambiental, el carácter patrimonial y el uso turístico del foso”, explicó.
Según anunció, en septiembre de 2025 se reanudarán las labores con una campaña geofísica destinada a planificar nuevas fases del dragado. Hasta entonces, los resultados seguirán siendo parciales.
El debate político
Guerrero cerró su intervención con una pregunta directa: “¿Está usted satisfecho con el dragado?”. La respuesta de Ramírez fue clara: “No. Pero prefiero una obra lenta y cuidadosa que cortar el foso durante meses y dejar de permitir su uso turístico y recreativo”.
El Foso Real, convertido en escenario de un cruce de acusaciones, refleja la distancia entre el Gobierno y la oposición sobre cómo gestionar una infraestructura que, además de valor histórico, supone un reto técnico y ambiental. Lo cierto es que, de momento, la obra no ha despejado las dudas de navegabilidad ni ha colmado las expectativas generadas. Y el agua del canal sigue, como el debate político, más turbia que clara.
