La diputada melillense del Partido Popular, Sofía Acedo, llevó este jueves a la Cámara Baja un mensaje que en Ceuta suena conocido: los campus universitarios de las dos ciudades autónomas siguen funcionando con una financiación que, según el PP, no les corresponde asumir ni a la Universidad de Granada ni a la Junta de Andalucía ni a los propios gobiernos locales. Y que, además, se quedará corta en cuanto entren en juego nuevas titulaciones y másteres.
Acedo defendió una Proposición No de Ley que pide al Gobierno central que asuma toda la financiación de los campus de Ceuta y Melilla. La cifra actual ronda los 25 millones de euros, pero la diputada advirtió de que crecerá en los próximos años. El PP sostiene que el Estado debe hacerse cargo por completo, sin parches ni aportaciones extraordinarias que —dicen— han tenido que cubrir otros actores para evitar que la oferta universitaria se resienta.
La iniciativa también reclama que se compense a quienes han puesto dinero de más en los últimos años. El argumento es sencillo: han pagado por una competencia que no es suya.
Más voz para Ceuta y Melilla
Otro de los puntos que el PP quiere mover es el papel que juegan las ciudades autónomas en la planificación universitaria. Acedo criticó que los Consejos de Gobierno de Ceuta y Melilla no tengan capacidad real de decisión sobre qué se estudia, cómo se organiza la oferta o qué proyectos pueden implantarse, ya sean públicos o privados. La propuesta plantea una reforma legal que permita a ambas ciudades influir en su propio desarrollo universitario, adaptándolo a su modelo de ciudad y a sus necesidades.
Además, el texto pide que los campus reciban la misma financiación para investigación que el resto de universidades públicas del país, un terreno donde Ceuta y Melilla suelen quedar en desventaja.
La universidad como pieza que sostiene mucho más
Durante su intervención, Acedo insistió en que los campus no son solo aulas y exámenes. Los definió como motores económicos y sociales que ayudan a fijar población joven, atraer talento y generar empleo. En territorios pequeños, con fronteras complejas y desafíos estructurales, la universidad —defendió— tiene un impacto que va más allá de lo académico.