Porque una cosa es fiscalizar —obligación legítima de cualquier oposición— y otra muy distinta es bloquear decisiones que afectan a un servicio que miles de ceutíes usan cada día. Y ahí es donde el mensaje socialista empieza a chirriar.
Cuentas en rojo y papeles que no llegan
La representante socialista en el Consejo de Administración, Raquel Miaja, denunció que las cuentas de 2025 muestran un agujero cercano al millón de euros y un deterioro continuado del patrimonio, la tesorería y la capacidad de pago. El período medio para abonar facturas se ha disparado de 33 a 84 días, y la empresa mantiene una inspección fiscal abierta desde 2023 cuyo desenlace sigue sin conocerse.
El PSOE asegura que pidió por escrito, antes del Consejo, una certificación detallada de todas las facturas y obligaciones que podrían acabar en un reconocimiento extrajudicial de crédito. La documentación, denuncian, no llegó. Y sin papeles, dicen, no hay control posible.
Hasta ahí, el guion habitual: exigencia de transparencia, auditoría externa y responsabilidades políticas.
Pero el autobús es municipal… y depende de Amgevicesa
El problema aparece cuando el discurso fiscalizador se cruza con la realidad: el servicio de autobús urbano ya no es de Hadú-Almadraba. Es municipal. Lo gestiona Amgevicesa. Y cualquier bloqueo político en su Consejo de Administración tiene un impacto directo en la continuidad del servicio.
Es decir: el mismo partido que denuncia la mala situación económica de la empresa es el que, con su voto, puede agravarla. Y eso no se explica tan fácilmente a los usuarios que esperan en la parada.
Príncipe Alfonso: solidaridad, sí; soluciones, pocas
En el apartado de urgencias, Miaja pidió abordar los actos vandálicos sufridos por los autobuses en Príncipe Alfonso. El PSOE mostró su apoyo a la plantilla y reclamó que no se interrumpa el servicio sin antes agotar todas las medidas preventivas.
Pero aquí vuelve la contradicción: exigir que el autobús no deje tirados a los vecinos mientras se vota en contra de decisiones que sostienen el propio servicio municipal no parece la mejor manera de proteger a nadie.
La política, lejos de la calle
Mientras los partidos discuten sobre balances, auditorías y expedientes, los ciudadanos siguen esperando algo mucho más básico: que el autobús pase, que llegue a su hora y que no desaparezca por una batalla política que poco tiene que ver con su día a día.
La situación económica de Amgevicesa es seria. Pero también lo es la de quienes dependen del transporte público. Y en ese equilibrio, el PSOE tendrá que explicar cómo encaja su discurso de control con un voto que puede dejar a muchos ceutíes literalmente esperando.