Remitidos

El esfuerzo de los menores no acompañados de La Esperanza

Es cierto que existen  menores no acompañados procedentes del país vecino que delinquen y que viven ajenos al centro de la Esperanza,  pero la mayoría de los  chavales  que viven en el centro de menores, tienen las mismas ilusiones y sueños de un futuro mejor, son educados y quieren estudiar. Obviamente los hay indisciplinados y conflictivos igual que en el resto de centros educativos de cualquier lugar,  pero no son todos así.

Zacarías tiene 17 años y responde a todo con una sonrisa. Es amable, colaborador y trabaja como voluntario en Digmun  los viernes con actividades lúdicas en los talleres del proyecto Integra 2 de menores. Dinamiza los recreos formando parte de los juegos, hace de intérprete entre el profesorado  y alumnos y se desvive por cada una de las labores que se le encomiendan. Llegó de Marruecos en busca de una oportunidad para mejorar su vida. Vive en el centro de La Esperanza y allí, junto a otros compañeros, acude a las Aulas de Inmersión Lingüística que Digmun desarrolla desde hace dos  años. Allí  muchos  de estos chicos se sienten solos, aislados, e incluso discriminados y marginados porque la gente les mira con mala cara, les tratan como delincuentes, piensan que son todos los que roban y asaltan coches . Es conveniente ofrecer la otra cara que Digmun conoce por su trabajo diario con este colectivo.

Anas sueña con ser peluquero y acude a un curso para conseguirlo donde muestra interés en perfeccionar cada enseñanza que recibe. Issha era un chico muy rebelde. Ahora su comportamiento es ejemplar tras encomendarle una misión: cuidar de uno de sus compañeros enfermo al que su familia dejó abandonado en la frontera con una bolsa de pastillas colgando del cuello. Estudia además un curso de mecánica y colabora en todo lo que puede siendo ejemplo de integración

Es cierto que existen  menores no acompañados procedentes del país vecino que delinquen y que viven ajenos al centro de la Esperanza,  pero la mayoría de los  chavales  que viven en el centro de menores, tienen las mismas ilusiones y sueños de un futuro mejor, son educados y quieren estudiar. Obviamente los hay indisciplinados y conflictivos igual que en el resto de centros educativos de cualquier lugar,  pero no son todos así.

Digmun en sus clases de Inmersión Lingüísticas, con más  de  80 alumnos, conoce bien la realidad de estos menores,  ya que es parte del trabajo que la asociación realiza a diario con cuatro docentes contratados para tal fin. Estos chicos que vienen de Marruecos  tienen un espíritu luchador, con afán de superación y con unos comportamientos en mucho de los casos, ejemplares. Se trata de que tengan una base para poder defenderse desde cualquier otro punto de España y entre lo objetivos, que este colectivo persigue es tener más oportunidades en un futuro.

No sólo se le enseña contenidos propios de un aula de Inmersión Lingüísticas, sino que se realizan actividades complementarias  adecuadas para que la adaptación a su nuevo entorno sea más fácil y con una metodología muy dinámica y repleta de actividades diferentes. Participan activamente en actividades del Día de la Violencia de Género, de la Infancia, del Medio Ambiente o de la Mujer. Realizan actividades deportivas, salidas al campo, o pintura de murales y carteles…todo esto con enorme dedicación, entusiasmo y responsabilidad.

Por eso y por muchos otros motivos, desde Digmun rompemos una lanza en favor de los menores no acompañados del centro de la Esperanza y censuramos una intolerancia que puede llegar a perjudicarles enormemente.

En el Día Universal de los Derechos de la Infancia Digmun que trabaja por la dignidad de los niños y niñas pone de manifiesto la importancia de la protección a la Infancia tanto de los Menores no Acompañados como del resto de los menores que se encuentran en nuestra ciudad, ya que Ceuta ocupa el último puesto a nivel nacional en niveles de pobreza infantil y en fracaso escolar.

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