Cartas al director | Sanidad pública

Carta abierta: En cualquier momento, cualquiera de nosotros puede necesitar el hospital

Las palabras de Naual Mohamed que ponen rostro y urgencia a lo que denuncia como "falta de recursos humanos" en el hospital "de todos"

HUCE hospital
photo_camera Hospital Universitario de Ceuta

Una ciudadana ceutí alza la voz desde la primera planta del Hospital Universitario para denunciar la sobrecarga del personal sanitario y pedir refuerzos urgentes. “No es una crítica, es un grito de ayuda”:

Como ciudadana de Ceuta y como hija de un paciente ingresado, quiero compartir una preocupación que nace de la realidad que se vive dentro del Hospital Universitario. No hablo desde la queja, sino desde la empatía y el respeto hacia quienes cada día sostienen la salud de nuestros mayores y enfermos: el personal sanitario y auxiliar.

En la primera planta hay unas veinte habitaciones, casi todas con dos pacientes. Eso significa que hay más de 35 personas ingresadas, la mayoría de edad avanzada, con movilidad reducida o totalmente dependientes. Y frente a esta realidad, solo hay dos enfermeras y dos auxiliares por turno -a veces tres por la mañana-. Más de treinta y cinco pacientes para cuatro personas.

El personal no da abasto, no porque no quiera, sino porque es humanamente imposible atender a todos como merecen. Los auxiliares soportan una carga de trabajo y un nivel de estrés que nadie podría aguantar sin desbordarse. No pueden hacerlo todo como se debería, no porque no quieran, sino porque no pueden físicamente llegar a todo. Y aun así, hacen más de lo que humanamente se puede.

Si hubiese más personal -cuatro enfermeros y cuatro auxiliares en lugar de dos-, podrían trabajar con más calma, ofrecer más tiempo y atención a cada paciente, y cuidar como ellos mismos quisieran hacerlo. Porque lo que les falta no es vocación ni humanidad, les faltan recursos y apoyo.

A pesar de todo, muchos de ellos siguen trabajando con ternura, con profesionalidad y con una sonrisa. Por eso esta carta es, ante todo, un llamamiento de atención. Un grito en nombre de todos los que estamos dentro del hospital, pacientes y familiares, pidiendo ayuda urgente para el personal sanitario.

No se trata de culpar a nadie, sino de abrir los ojos a una realidad que se está volviendo insostenible. Los auxiliares y enfermeras hacen más de lo que les corresponde, y aun así no pueden llegar a todo, porque la carga es demasiado grande. Si cuatro abuelos necesitan ser cambiados al mismo tiempo, ¿cómo van a hacerlo solo dos personas?

Además, su esfuerzo, su trabajo y su dedicación -mañana, tarde y noche- no están pagados con el sueldo que tienen. Hacen un trabajo más que necesario, importante y vital para todos nosotros, y muchas veces no se les reconoce como merecen. Reciben quejas injustas, cuando en realidad están sosteniendo un sistema que necesita apoyo urgente.

Quiero agradecer públicamente a todo el personal de la primera planta por su entrega, su paciencia y su humanidad. A algunos de ellos, que ya saben quiénes son, les doy las gracias infinitas por su sonrisa, su palabra amable y su calidad humana en medio del cansancio y la falta de medios.

Esta carta no es una crítica hacia ellos, sino una defensa y un reconocimiento de su esfuerzo. Ceuta es una ciudad pequeña, pero con recursos suficientes. Cada año se invierten millones -sí, millones- en obras, reformas de aceras, rotondas, jardineras, flores y farolas nuevas.

Y está bien que la ciudad se vea bonita, pero antes que las macetas, las flores o las losetas nuevas cada dos por tres, debe estar la salud y la vida de las personas. De nada sirve una ciudad adornada si dentro del hospital faltan manos para cuidar a nuestros mayores.

La Ciudad Autónoma tiene recursos suficientes para reforzar la plantilla sanitaria, mejorar las condiciones del hospital y aliviar la carga del personal. Y cuando hablamos de doblar el personal, puede parecer una gran petición, pero no lo es. Si actualmente hay dos enfermeros y dos auxiliares, tener cuatro enfermeros y cuatro auxiliares no es un exceso, es lo mínimo necesario, y la Ciudad puede permitírselo perfectamente.

No se trata de pedir imposibles, sino de exigir lo justo. También hay que admitir que muchas veces no somos conscientes de esta realidad hasta que nos toca vivirla.

Cuando tenemos un familiar o un amigo ingresado, o cuando somos nosotros mismos los pacientes, entendemos lo que realmente ocurre dentro del hospital. Si no es así, solemos verlo como algo lejano, como si nunca nos fuera a tocar. Pero la verdad es que todos, en algún momento, podemos necesitar este servicio.

Todos somos susceptibles de utilizar el hospital, incluso quienes nunca han estado en él o quienes hoy tienen medios para acudir a la sanidad privada. La vida puede cambiar en un instante, y cualquiera de nosotros o de nuestros seres queridos puede necesitar ese mismo hospital público.

Por eso, luchar por un bien común es lo menos que podemos hacer. Debemos tener empatía con quienes hoy están dentro y también con quienes, algún día, podrían estarlo. La salud no entiende de religión ni de ideología. El hospital pertenece a todos: musulmanes, cristianos, judíos e hindúes.

Y cuidar de nuestros enfermos y mayores es una responsabilidad compartida, una cuestión de humanidad. Porque el verdadero progreso de una ciudad no se mide por el brillo de sus calles, sino por la dignidad con la que cuida a los más vulnerables.

Atentamente,
Naual Mohamed