Hay acontecimientos culturales que no solo enriquecen el calendario de una ciudad, sino que dejan huella en el alma colectiva de quienes los viven. Así han sido las III Jornadas de Música Sacra, Música en los Templos, organizadas por el Instituto Mediterráneo de Cultura de Ceuta, una propuesta que ha sabido conjugar la belleza de la música con la profundidad de los espacios sagrados, ofreciendo a los asistentes algo más que conciertos, una auténtica experiencia espiritual y estética.
El ciclo se inauguró el pasado 13 de marzo en la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, con la actuación de la Camerata Castellana, bajo la dirección del violonchelista Ramón Romero. Ni siquiera la lluvia consiguió disuadir a los entusiastas de la música sacra, que llenamos prácticamente el templo. Uno de los momentos más memorables de la velada fue la interpretación del Ave María del compositor madrileño W. Gómez, en la voz de la soprano Chantal Garsan, que nos regaló un instante de auténtica belleza y recogimiento. El programa, titulado Tú nos das la Paz, nos llevó por un recorrido emocional y espiritual a través de obras de J.S. Bach, Vivaldi, Mendelssohn…entre otros grandes compositores.
El jueves 20 de marzo, el Santuario de Nuestra Señora de África fue testigo de un segundo concierto profundamente evocador. El Grupo Egeria, cuarteto vocal femenino, presentó su trabajo En Terras Despanya, una travesía por la música sacra medieval que nos conectó con las raíces espirituales de la Península. En su voz y repertorio, la plegaria antigua se hizo presente, recordándonos que la música, cuando nace del alma, puede resistir el paso del tiempo y seguir siendo un refugio para la humanidad.
La tercera cita fue el 27 de marzo, nuevamente en Santa María de África, donde el Dúo Tamayo-Negoïta ofreció el programa Dolce Tormento, centrado en la música penitencial italiana y francesa de los siglos XVII y XVIII. El concierto alcanzó su clímax con la interpretación del Miserere de Michel Richard Delalande, una versión intensa y solemne del Salmo 50, que resonó en el templo como un eco del alma en busca de redención. Al terminar, los asistentes tuvimos la fortuna de compartir un enriquecedor coloquio con los intérpretes, en especial con Darío Tamayo, quien explicó con cercanía y entusiasmo las particularidades del clavecín, propiciando un espacio de intercambio que añadió aún más valor a la experiencia musical vivida.
El broche final llegó el 3 de abril en la Iglesia de San Francisco con el Vermell Ensemble y su estremecedor trabajo Ars Moriendi. Un viaje sonoro por las manifestaciones medievales en torno a la muerte, donde la peste, el dolor y la conciencia de la finitud humana se transforman en arte. Las Danzas de la Muerte, las Procesiones de Flagelantes o los cánticos sacros frente a la enfermedad cobraron vida a través de una magistral combinación de voces e instrumentos, generando una atmósfera sobrecogedora. En un mundo que a menudo evita mirar de frente la muerte, este concierto fue un acto de valentía estética y espiritual.
Estas jornadas han sido, en definitiva, mucho más que una sucesión de conciertos. Han sido un canto a la memoria, al patrimonio y a la capacidad de la música sacra de traspasar el tiempo, las creencias y los contextos para hablarnos de lo más íntimo: la búsqueda de sentido, la fragilidad humana, la esperanza.
Desde Ceuta, ciudad de encuentros y confluencias, estas jornadas no solo han honrado el pasado, sino que han demostrado que lo sagrado sigue teniendo cabida en nuestra vida contemporánea, no como una imposición, sino como una invitación al silencio, a la belleza y a la reflexión.
Celebramos, por tanto, no solo la calidad musical de cada uno de los grupos participantes, sino también el acierto del Instituto Mediterráneo de Cultura, de la Consejería de Educación, Cultura y Juventud, así como de todos los colaboradores que hacen posible esta maravillosa iniciativa y se esfuerzan por mantenerla viva. Ojalá que en futuras ediciones esta llama continúe creciendo y convocando a un público cada vez más amplio, porque cuando la música y la espiritualidad se dan la mano, el arte alcanza su expresión más pura y conmovedora.