Ceuta y sus mujeres emprendedoras: la historia de Amada Córdoba

Amada Córdoba, la historia de una "Chica del Cable"

Con 95 años, Amada Córdoba sigue hilvanando recuerdos con la misma claridad con la que conectaba llamadas cuando era telefonista. Su historia es un testimonio de superación, amor y resistencia, marcado por la Guerra Civil, el esfuerzo por labrarse un futuro y el descubrimiento del amor entre clavijas y conexiones. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, nos abre las puertas de su hogar para compartir su vida

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Amada Córdoba nació el 1 de julio de 1929 y hoy, con 95 años, sigue contando su historia con la misma pasión de siempre. Fue una de las primeras telefonistas, una de aquellas icónicas 'Chicas del Cable' que conectaban llamadas y, sin saberlo, también vidas. Pero su historia es mucho más que eso. En el marco del Día Internacional de la Mujer, nos abre las puertas de su casa para compartir un testimonio de lucha, resiliencia y amor.

Recuerdos entre fotos y café

Nos recibe con un bizcocho y un café caliente sobre la mesa. Mientras charlamos, saca un álbum de fotos con más de 300 imágenes. "Aquí están mis nietos, son 12. Y mis bisnietos, 11", nos dice con orgullo. Su familia es grande, y todos han tenido la fortuna de conocer a esta mujer fuerte y decidida.

Nació en Ceuta en una familia de cinco hermanos, junto a su melliza Pili. "La única que queda soy yo", dice con nostalgia. Su padre, militar de profesión, fue destinado a Málaga y, en 1936, con la llegada de la Guerra Civil, fue enviado a Andújar. "Nos evacuaron en coches a Almería", recuerda. La guerra no solo los separó, sino que también le arrebató a su padre, quien falleció en Pozoblanco. Desde entonces, la vida de Amada y su familia fue un constante movimiento en busca de estabilidad.

De Almería a Valencia, fueron acogidos "en lo que por ese momento se conocía como colonias". Allí su madre encontró trabajo gracias a un médico ceutí, que dirigía un hospital en la ciudad. "Era un hombre muy amable", cuenta. Al finalizar la guerra, fueron trasladados a Barcelona y, con la esperanza de reencontrarse con familiares, su madre decidió viajar a Gerona. "Nos fuimos a buscar a mi tía Felisa". Gracias a su ayuda, pudieron regresar a Ceuta, donde su madre encontró un hogar para todos.

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Amada y su hermana melliza, Pili.

El camino hacia las telecomunicaciones

Huérfanas de padre, Amada y sus hermanas ingresaron a un colegio de huérfanos en Madrid. Fue allí donde su tío les informó sobre unas oposiciones para trabajar de telefonista. "Teníamos 18 años y nos pusimos a estudiar. Fue difícil, pero aprobé junto a mi hermana Isabel. Pili, mi melliza, no lo logró a la primera". Tras superar un año de prueba, Amada se convirtió en telefonista y descubrió un oficio que le apasionaba.

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Amada junto a sus compañeras telefonistas 

En 1950, decidió regresar a Ceuta junto a su melliza para estar con su familia. Y es que su madre y sus hermanos seguían en Ceuta. "Yo le dije a mi hermana que qué hacíamos en Madrid sin ellos". Allí continuó trabajando como telefonista, sin imaginar que este empleo la llevaría a conocer al amor de su vida. 

Manolo, un joven practicante en una clínica de Hadú, comenzó a llamarla con frecuencia. "Si no le atendía yo, preguntaba por mí", cuenta con una sonrisa. "Yo le cerraba la clavija y atendía otra llamada, pero después volvíamos a hablar". Sus amigas le decían que Manolo era "para ella" y, efectivamente, en 1957, tras tres años de noviazgo, se casaron. Un año después nacía su primera hija, Lola.

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Amada y su marido Manolo

Una vida llena de amor y arte

Manolo falleció hace unos años, pero Amada sigue rodeada de amor. Su rutina diaria la mantiene activa: madruga, desayuna y se va a la residencia Gallardo, donde participa en actividades con sus compañeros. "Les enseñaré esta entrevista", nos dice con ilusión, porque guarda cada recorte de prensa en el que aparece.

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Además de su faceta como abuela y bisabuela, Amada es una artista. Dedica sus tardes a la pintura, y no pinta solo para ella: muchos conocidos le piden dibujos y, con generosidad, los regala. "Tengo una lista larga", bromea.

Su historia es un testimonio de resistencia, amor y dedicación. De la guerra a las centralitas, de Ceuta a Madrid y de regreso a su hogar, Amada Córdoba es una de esas mujeres que construyeron el futuro sin perder nunca la esperanza.

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