La Navidad, tradicionalmente ligada al consumo y a la acumulación de regalos materiales, está viviendo un cambio de paradigma. Cada vez más personas optan por regalar experiencias en lugar de objetos, una tendencia al alza vinculada al consumo responsable, la sostenibilidad y la necesidad de generar recuerdos compartidos con mayor valor emocional.
Frente a regalos que acaban olvidados en cajones o estanterías, propuestas como viajes, actividades culturales o experiencias de bienestar se consolidan como una alternativa que prioriza las emociones y el disfrute consciente. Este cambio de hábitos responde, según los expertos, a un replanteamiento profundo de la forma de consumir y de relacionarse con el ocio.
La psicóloga y divulgadora Lara Ferreiro señala que esta preferencia es cada vez más habitual entre sus pacientes. “Cada vez más pacientes me cuentan que no quieren que les regalen cosas, sino momentos que les hagan sentir, que les devuelvan la ilusión y la curiosidad, y la capacidad de disfrutar sin miedo al juicio”, explica.
Este giro hacia las experiencias también está relacionado con una creciente insatisfacción ante la acumulación de objetos que no se utilizan. Regalar vivencias se percibe como una forma de reducir el consumo innecesario y, al mismo tiempo, apostar por alternativas que tienen un impacto positivo en el bienestar emocional y en la calidad de vida.
Los datos respaldan esta tendencia. Según el informe La economía de las experiencias 2025 de Mastercard, el 50 % de los españoles tiene previsto aumentar su gasto en experiencias durante 2025 respecto al año anterior, confirmando el creciente interés por este tipo de regalos frente a los bienes materiales tradicionales.
Entre las experiencias más demandadas destacan los viajes, las actividades vinculadas al bienestar —como masajes o circuitos de spa— y las propuestas culturales. Dentro de este último ámbito, el arte inmersivo gana cada vez más adeptos, al ofrecer al visitante la posibilidad de formar parte de la obra y activar todos los sentidos, más allá de la mera contemplación visual.
Una tendencia que confirma que, en plena transformación de los hábitos de consumo, regalar tiempo, emociones y recuerdos se ha convertido en una de las opciones más valoradas durante estas fiestas.