Sociedad

La Casa de Ceuta en Cádiz celebra la XIX Semana Cultural

Semana Cultural en la Casa de Ceuta en Cádiz (CEDIDA)
photo_cameraSemana Cultural en la Casa de Ceuta en Cádiz (CEDIDA)

El lunes comenzaron las actividades que la asociación celebra como culmen de su actividad cultural a lo largo del año.

El pasado lunes catorce de octubre tuvo lugar la apertura de la XIX Semana Cultural de la Casa de Ceuta en Cádiz, que como cada año en este mes de otoño, la mencionada asociación celebra como culmen de su actividad cultural a lo largo del año.

El presidente De la Yeza presentó el cartel anunciador, así como las conferencias que tendrán lugar durante la semana, pasando después revista a todas las Semanas Culturales habidas desde la primera, el mismo año de la fundación de la Casa, apoyado en soporte audiovisual. Seguidamente se proyectaron unos videos de la Ciudad Autónoma de reciente adquisición, tras lo cual se inauguró la segunda fase de la exposición de fotografías del malogrado Pepe Gutiérrez, así como los cuadros al óleo realizados por la socias en los talleres ocupacionales. El acto finalizó con una copa de vino español para los presentes.

El siguiente día, lunes quince, el conocido historiador y autor ceutí Antonio Carmona Portillo, desplazado desde Málaga donde reside, ha pronunciado la conferencia titulada "La conexión de Ceuta con la Península en los siglos XVIII y XIX". Presentó al conferenciante como es norma el presidente de la Yeza, por más que este investigador de la Historia es ya la sexta vez que nos ilustra con sus charlas tan documentadas.

Comenzó estableciendo la división de las comunicaciones en tres grupos: marítimas, semióticas y aéreas. Comenzando por las primeras expuso la gran importancia histórica de Ceuta en el norte de África desde la época de los fenicios como puerto de embarque de mercancías procedentes del continente africano en ruta hacia la península, siguiendo con los romanos y sus salazones y después, con Justiniano y la expansión de Bizancio, a cuyos súbditos se debe la Basílica Tarodorromana de todos conocida, que con su potente flota naval basada en los dromones hizo de Ceuta bastión inexpugnable. Después con los musulmanes, gran actividad con la exportación de papel a la península, tráfico que siguió siendo importante con los portugueses, con la ciudad de Faro en especial.

Tras esta introducción pasó ya al siglo XVIII y el cerco de Muley Ismail. Presentó las embarcaciones comunes en aquella época como las tartanas y los jabeques, éstos últimos de mayor tamaño (de las 275 a las 680 toneladas, con cañones en número de 20 a 38, así como las obuseras o lanchas cañoneras, usadas para hostigar a las tropas atacantes del citado sultán, cuando se hizo navegable el Foso precisamente para el paso de la cañoneras de una bahía a la otra sin tener que rodear el Hacho. El correo postal, transportado en estos buques, en los que cada marinero cobraba dos reales y el patrón tres por dicha labor.  Ya en el siglo XIX se puso de  manifiesto la  necesidad de disponer de muelles donde atracar buques, en especial con ocasión de la llamada guerra de África (1859 - 60), cuando resultó especialmente penoso el desembarco del ejército. El comienzo de la penetración en Marruecos y la implantación del Protectorado, en especial con ocasión de las campañas militares a que ello dio lugar, fueron momentos en que se hizo imprescindible la construcción del puerto. Pasó revista a las diversas navieras y a los buques de las mismas encargados de la conexión marítima con Algeciras y otros puertos peninsulares.

Siguió con las comunicaciones semióticas, como las palomas mensajeras y su palomar construido en la zona del Valle, sistema que subsistió en paralelo con otros como el de las banderas, combinación de dos banderas apoyadas en un código, también con las ópticas a base de espejos y el código Morse, heliógrafos portátiles y fijos como aquel cuya torre todavía se yergue en la zona del Valle. También el telégrafo, iniciado en 1859, cuyo primer sistema duró quince días, luego el teléfono en 1921, también empujado por la guerra del Rif. Terminó con las comunicaciones aéreas, al principio solo militares, en la base de Melilla y en la de Tetuán, la base de hidroaviones sita en el muelle Cañonero Dato, de corta duración y citando para acabar con la moderna conexión mediante helicópteros.

Terminada la exposición de Carmona Portillo, acogida con fuertes aplausos, el presidente de la Casa le hizo entrega de un recuerdo alusivo a su actuación haciéndolo firmar en el libro de honor.

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