Ceuta ha vuelto a detenerse este 5 de enero para vivir uno de esos días que no necesitan presentación: la víspera de los Reyes Magos. Y, aunque el tiempo siempre tiene la última palabra, esta vez acompañó lo suficiente como para que la ciudad se llenara de esa mezcla de nervios, ilusión y carreras de última hora que solo se dan en esta fecha.
A mediodía, SSMM Melchor, Gaspar y Baltasar aterrizaron en helicóptero en el estadio Alfonso Murube. Una entrada poco habitual que sorprendió a mayores y pequeños y que convirtió el césped en un pequeño anfiteatro improvisado donde la emoción se palpaba sin esfuerzo. Desde allí, Sus Majestades pusieron rumbo al Santuario de África para su tradicional visita a la Patrona.
Este año, la llegada al barrio de Hadú no pudo celebrarse por las obras en Teniente Coronel Gautier, así que toda la expectación se concentró en el centro. Y se notó. Desde mucho antes de que arrancara la Gran Cabalgata en Maestranza, las calles ya eran un río de gente buscando un buen sitio para no perderse nada. El recorrido, que terminó en el Paseo de las Palmeras, fue un desfile continuo de colores, música y niños subidos a hombros intentando ver un poco más.
El cortejo lo formaron seis bateas, cinco academias de baile —María José Lesmes, Rosa Founaud, Allegro, África Lirio y Maite Rivas—, las agrupaciones musicales de La Amargura y La Encrucijada, la Banda de Música Ciudad de Ceuta y varios grupos de animación. A ellos se sumaron los pajes, la Estrella de la Ilusión, el Heraldo Real y, por supuesto, los Reyes Magos.
El dispositivo municipal volvió a ser amplio: Educación, Cultura y Juventud; Presidencia y Gobernación; Bomberos; Policía Local —al completo y coordinada con Policía Nacional—; 112; Parque Móvil; Protección Civil y su agrupación de voluntarios. Y, como cada año, el operativo de limpieza de Servilimpce fue avanzando detrás de la comitiva para que la ciudad recuperara su ritmo sin demora.
La tarde dejó imágenes de esas que se quedan guardadas: familias enteras mirando al cielo por si caía un caramelo más, niños saludando como si los Reyes los fueran a reconocer entre miles, abuelos emocionados sin disimulo. Una Ceuta que, por unas horas, se permitió creer sin reservas.
Y ahora, con la cabalgata ya pasada y los zapatos preparados, solo queda confiar en que Sus Majestades hayan tomado buena nota. Que traigan regalos, sí, pero también lo que de verdad sostiene esta noche: ilusión, esperanza y un poquito de felicidad para todos.
