Este viernes echa el cierre la Casa de las Medias, uno de los comercios más emblemáticos de Ceuta. Paco, su alma durante más de 30 años, se despide de su "segunda casa"
Hay lugares que son más que un negocio. Son memoria viva, parte del tejido emocional de una ciudad. La Casa de las Medias, en la Galería de la Riojana, es uno de esos espacios donde el tiempo parece haberse detenido con ternura. Este viernes cerrará definitivamente sus puertas tras décadas de servicio silencioso y elegante.
Lo regentaba Paco, un comerciante de los de antes. De los que atendían sin mirar el reloj y sabían el nombre —y la talla— de sus clientas habituales. Durante más de 30 años, ha mantenido vivo el legado de un comercio familiar que resistió a modas, crisis, franquicias y gigantes del sector. Pero ya no más.
Desde hace meses, un cartel de “Liquidación por cierre” anticipaba lo inevitable. La decisión estaba tomada. “Mis hijos ya tienen sus trabajos, y no deseo esto para ellos”, contaba el propio Paco en una entrevista a Ceuta Actualidad el pasado año, aludiendo al sacrificio y desgaste que implica mantener una tienda abierta a pulmón en estos tiempos de titanes comerciales. Ahora, "mi familia me requiere" y, considera, es momento de pasar más tiempo con los suyos.
También con él mismo y con sus hobbies. Paco es un magnífico pintor y todo un manitas. Una vez comience su vida de jubilado, no tiene contemplado frenar de golpe, pues "aún me queda arreglar toda la casa", dice riendo. Para él, estos años de profesión han sido una mezcla entre suerte y constancia, algo que considera "esencial" para triunfar en la vida. "No me he hecho rico, pero he podido tirar para adelante con honradez", comenta, satisfecho.
Comercios con alma en un mundo que gira demasiado deprisa
La Casa de las Medias no vendía solo medias, pantys, calcetines o ropa interior. Vendía cercanía, confianza, rutina. Vendía aquello que hoy parece una rareza: la conversación sin prisa, la atención sin algoritmos, la fidelidad sin descuentos.
Paco no compitió con el marketing digital, las pasarelas de pago online ni los escaparates fluorescentes del comercio moderno. Su arma era otra: la constancia, el sacrificio diario, el conocimiento del oficio. Una trinchera frente al tsunami de las grandes superficies y las franquicias que han uniformado tantos centros urbanos.
Hoy, con el cierre definitivo, quedan reliquias por vender: docenas de cajas llenas de prendas nuevas pero detenidas en el tiempo. Medias que quizás ya no se fabrican igual, calcetines de hilo antiguo, sujetadores de los que duran años. Retales de una época que se desvanece.
El valor de lo pequeño, lo cercano, lo humano
El final de la Casa de las Medias es más que una noticia comercial. Es el símbolo de una transición que va dejando sin aliento al comercio tradicional, ese que sostenía ciudades como Ceuta cuando todo lo demás temblaba.
Sin dramatismos, Paco se despide. “Esta tienda ha sido mi casa”, afirma con la serenidad de quien sabe que ha dado lo mejor. Su marcha no es una derrota, pues para él, es momento de descansar. Aunque una pequeña duda se genera dentro de él y que solo podrá responder con el paso del tiempo: cómo va a llevar la jubilación. El cierre, una postal que nos interpela: ¿cuánto valoramos lo cercano? ¿Estamos dispuestos a salvar lo pequeño antes de que desaparezca del todo?
Este viernes, cuando Paco cierre de La Casa de las Medias por última vez, se apagará una luz tenue, cálida y real. La de un comercio que, durante décadas, fue mucho más que una tienda.