La croqueta, ese icónico bocado de la gastronomía española, ha sido el objeto de concurso en la mañana de este jueves en el IES Almina. Reinterpretada desde múltiples perspectivas por los estudiantes, los jóvenes chefs han utilizado técnicas modernas y productos de calidad, logrando transformar esta sencilla receta en un lienzo donde se plasmaban tanto el respeto por la tradición como la búsqueda de nuevas texturas y sabores.
Los alumnos de los ciclos formativos de Industrias Alimentarias, Hostelería y Turismo presentaron el fruto de sus aprendizajes en el primer Concurso de la Mejor Croqueta Dulce y Salada, un evento que destacó no solo por su sabor, sino por la innovación y dedicación de sus participantes.
El evento contó con un jurado compuesto por cinco expertos de diferentes ámbitos entre los que se encontraban Marc Vila Melia, propietario y cocinero de Gastrobar Antojo, Mohammad Abdeselam Lazrak, propietario y pastelero de Obrador La Cibeles y y Juan José Rodríguez Astorga, propietario y cocinero de Gabrielle Algo más que Comidas, quienes fueron alumnos de este curso, acompañados de Moisés Pavón Coronel, director del IES Almina y Francisco Javier Manzano García, director del Parador La Muralla.
Creaciones para todos los gustos
Entre las propuestas dulces destacaron reinterpretaciones como las de la "croqueta chocolate Dubai", la "croqueta de Torrija", así como una atrevida versión de croqueta de pollo asado con mayonesa y siracha en la categoría de salados y croqueta de mejillones en su versión de escabeche.
Por otro lado, las presentaciones de algunas croquetas sorprendieron a todos los presentes. Tanto es así que la anteriormente mencionada, la de escabeche, se emplató en una lata típica de conserva, donde lucía el producto bien preparado. Otra, como era el caso de la croqueta de marisco, fue presentada sobre una gran concha blanca dando protagonismo al producto del concurso.
El reto de impresionar al jurado
El jurado tuvo que enfrentarse a la difícil tarea de elegir a los ganadores. Cada propuesta fue valorada en base a criterios como la presentación, la originalidad, el sabor y la técnica utilizada. Los estudiantes explicaron personalmente sus elaboraciones, defendiendo cada detalle del proceso y los ingredientes seleccionados.
Más allá de un concurso
Aunque el evento tenía carácter competitivo, su verdadera finalidad iba mucho más allá. Para los alumnos, se trató de una oportunidad única de poner en práctica los conocimientos adquiridos en el aula, enfrentándose a los retos reales de la creación y presentación de un producto.
“Este tipo de actividades son fundamentales para que nuestros estudiantes comprendan lo que significa trabajar en equipo, gestionar los tiempos y, sobre todo, ser creativos dentro de un marco profesional”, afirmó Charo Gómez, profesora de cocina y jefa del departamento de Hostelería y Turismo.
El concurso también sirvió para estrechar lazos entre los tres ciclos formativos. Mientras que los alumnos de Industrias Alimentarias se centraron en la creación de masas y rellenos perfectos, los de Hostelería ejercieron sus labores de sala, llevando el producto al comensal, en este caso el jurado y realizando su retirada una vez hecha la cata.
Una experiencia con sabor a futuro
El éxito del concurso ha llevado a que el IES Almina contemple la posibilidad de convertirlo en una tradición anual. “Es un evento que no solo potencia las habilidades técnicas, sino que también fomenta la creatividad y el trabajo en equipo. Queremos que nuestros alumnos salgan al mercado laboral con experiencias reales como esta en su bagaje”, comentó Ana Tenorio, una las profesoras de cocina del curso.
La jornada concluyó con una degustación abierta al público donde alumnos y docentes pudieron disfrutar de las creaciones presentadas. Para muchos, el concurso no solo fue una demostración de talento, sino también una prueba de que la gastronomía sigue siendo un arte en constante evolución, en el que la pasión y el aprendizaje van de la mano.