Sociedad

la estrategia de la ultraderecha daña, también en ceuta, la lucha de las mujeres

Enero, el mes de los negacionistas

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photo_camera Concentración de la Plataforma Feminista en la Plaza de los Reyes (C.A./ARCHIVO)

Durante el pasado mes, los mensajes negacionistas de la violencia de género y de la desigualdad entre hombres y mujeres animados por la ultraderecha también avivaron el debate en Ceuta. 

Todo empezó al otro lado del Estrecho. Las negociaciones entre PP, Ciudadanos y Vox para la investidura del nuevo presidente de Andalucía se hallaban en plena ebullición cuando el portavoz de la formación de extrema derecha en el Parlamento, Francisco Serrano, no tuvo más ocurrencia que publicar en Twitter un provocador mensaje: “En política social todos siguen, con sumisión lanar, los mandamientos de la dictadura de género”.

Serrano no hacía sino ser coherente con los postulados de su formación, la primera fuerza política con representación institucional que cuestiona la existencia misma de la violencia machista.

El 3 de enero, un día después de que se difundiera aquel tweet, el presidente nacional del Partido Popular, Pablo Casado, desembarcaba en Ceuta para proclamar la candidatura de Juan Vivas a la Presidencia de la Ciudad por el partido conservador. “En un país democrático como el nuestro no se puede hablar de violencia, de si se ejerce contra un determinado género o edad, si es contra mujeres, ancianos o niños, lo que tenemos que hacer es erradicar cualquier tipo de asesinato”, afirmaba el líder conservador en un ambiguo discurso.

Las reticencias de Casado a hablar abiertamente de la violencia machista como una violencia de carácter estructural lograba introducir en la agenda pública nacional un asunto que, apenas unas semanas antes, ninguna fuerza política con representación en las instituciones habría sido capaz de plantear: el de la naturaleza de la violencia que se inflige a la mujer.

Las palabras de Casado, que en su discurso se refirió a la violencia machista como “violencia doméstica”, enfadaron a los movimientos feministas y a los partidos más alejados de la esfera ideológica de los conservadores. Caballas anunció que no volvería a participar junto a los populares en acto alguno de repudio a la violencia de género. La Plataforma Feminista de Ceuta, que adquiría un nuevo perfil público tras meses de inactividad, organizaba una concentración de mujeres en la Plaza de los Reyes.

La descalificación de la lucha feminista impulsada por Vox había obtenido los resultados esperados por la ultraderecha. Sus mensajes cuestionando las causas mismas de la violencia de género y denunciando un uso perverso de la ley agitaron la escena pública y convirtieron en motivo de controversia lo que no lo había sido hasta entonces. “No es digno de un estado de derecho que los hombres sean encerrados por la mera acusación sin pruebas, por el hecho de ser hombres”, afirmaban los ultraderechistas ceutíes el 9 de enero en respuesta al manifiesto nacional que censuraba su revisionismo.

 

Mujeres muertas

Para cuando Vox había comenzado a difundir estas especies, la Memoria de la Fiscalía General del Estado ya había advertido del repunte de un fenómeno preocupante: el uso de la violencia sobre los hijos de las víctimas como un medio para procurar el mayor dolor posible a sus exparejas se había cobrado en 2017 la vida de 8 menores.

Según la Memoria de la Fiscalía, el total de mujeres asesinadas a manos de su pareja o expareja en 2017 ascendió a 53. La cifra para el año pasado, computada por el Ministerio de Igualdad, fue de 47. Desde 2009, el número de feminicidios asciende a 580.

Pero aún hay más. Las denuncias falsas en casos de violencia de género contabilizadas por la Fiscalía General del Estado en 2017 fueron 23. Esto es, un 0,01% del total.

Las cifras oficiales no menoscaban, sin embargo, la determinación de los negacionistas, que mantienen con obstinación su discurso descalificador de la legislación aprobada para la protección de las mujeres.

 

Brecha salarial

Uno de los “éxitos” de Vox ha sido que llegue a plantearse como objeto de controversia pública la lucha misma del movimiento feminista. Los vientos del debate llegaron incluso el pasado 6 de enero al discurso ofrecido por el comandante general de Ceuta, Javier Sancho, con motivo de la celebración de la Pascua Militar. Sancho reflexionaba sobre la incorporación de la mujer al ejército cuando afirmó: “Los militares no tenemos obsesión por forzar situaciones ni por imponer cuotas en puestos de responsabilidad; para desempeñar el trabajo u ocupar puestos de responsabilidad, lo único que cuenta es el mérito y capacidad, sin hacer distinción alguna por cuestión de género”.

Los más férreos antifeministas llegan a sostener que ni tan siquiera es cierta la afirmación de que las mujeres viven en una posición de desigualdad en el ámbito laboral respecto de los hombres. La ultraderecha mantiene que la denominada “brecha salarial” determinada por el sexo del trabajador no existe.

Sin embargo, según el informe “Brecha salarial y techo de cristal” elaborado por Gestha, sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda, las mujeres españolas cobran una media de 4.636 euros menos al año que los hombres, esto es, las percepciones de ellas son un 28,7% inferiores a las de ellos. En Ceuta, la brecha es incluso mayor, según los cálculos de Gestha. Las ceutíes cobran un 37% menos que los trabajadores varones: la diferencia de sueldo entre unas y otros alcanza los 6.599 euros.

El mes se cerró con un agrio debate en el salón de plenos de la Asamblea. Caballas reprochó al PP su tibieza hacia las posiciones extremistas de Vox, una acusación que el presidente Vivas descalificó acusando a los diputados de la coalición de urdir un panfleto en contra del PP.

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