Sociedad

UNA HISTORIA DE LOS MUSULMANES CEUTíES

El episodio de los apellidos perdidos

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photo_camera Musulmanes ceutíes,en el rezo del final de Ramadán/ ANTONIO SEMPERE

Una iniciativa parlamentaria promovida por el diputado Mohamed Alí, dirigida a restituir sus legítimos apellidos a los ceutíes musulmanes que los perdieron en el proceso de nacionalización de los ochenta, ha sacado a la luz un episodio casi olvidado de la lucha por los derechos civiles en la ciudad. Sin embargo, aquel escamoteo de nombres no es que una curiosidad en la larga y azarosa historia de los ceutíes musulmanes. 

Durante décadas, miles de ceutíes mantenían fiada la acreditación de su arraigo en la ciudad a un tosco documento de identidad en el que ni tan siquiera se transcribía correctamente su nombre. La historia de aquel grupo de personas, cuyos derechos civiles fueron obviados tras un manto de prejuicios, ha vuelto a ver la luz gracias a una iniciativa parlamentaria en la Asamblea de Ceuta.

Muchos ceutíes musulmanes perdieron sus auténticos nombres en el tráfago administrativo que siguió al proceso gracias al cual recibieron la nacionalidad española en la década de los ochenta. El diputado Mohamed Alí ha propuesto esta misma semana que la Ciudad se ocupe de hacer todo lo posible para devolver sus patronímicos a quienes los extraviaron entre el trasiego de documentos y la insensibilidad de la administración.

La tarjeta estadística, vigente desde 1958, era un pedazo de cartón tosco que Albdelmalik Mohamed recuerda de un color “blanco apagado”. “Los expedían en la comisaría de Los Rosales”, rememora.

Aquellas cédulas de identidad hacían figurar como primer apellido del poseedor el nombre de pila del padre. Cuando años más tarde sus titulares lograban acceder a la nacionalidad española, el nombre de la familia, que habría de ser el suyo, había desaparecido en muchos casos de sus flamantes documentos.

Sin embargo, el episodio de los apellidos perdidos no es más que una curiosidad en la larga y azarosa historia de los musulmanes ceutíes. “La consecución de la nacionalidad en los ochenta no fue sino la conquista de unos derechos civiles de los que no disfrutábamos”, explica Ahmed Subaire, uno de los interlocutores que negoció con el Gobierno de Felipe González el proceso de regularización de los musulmanes ceutíes con arraigo a quienes, en virtud de la Ley de Extranjería de 1985, se condenaba a una más que probable expulsión.

Estos ceutíes musulmanes eran en buena parte descendientes de los marroquíes que comenzaron a asentarse en la ciudad a partir de 1860. En las vísperas de la proclamación de la II República, la población musulmana constituía prácticamente el 10% del total de habitantes de la ciudad. En plena Guerra Civil, se funda la Comunidad Musulmana de Ceuta, que será disuelta definitivamente en 1956 coincidiendo con la independencia de Marruecos.

Un año antes de la emancipación del país vecino, los musulmanes ceutíes eran ya una presencia creciente: constituían el 15%, y un 60% de ellos había nacido en la ciudad. La independencia marroquí devolverá los índices demográficos a los vigentes en los años 30. Los musulmanes son forzados a elegir entre el pasaporte del recién creado país y el español. El temor a verse separados de sus familias en Marruecos o, simplemente, sus dudas ante la posibilidad de que un nuevo estatus perjudicara sus modos de vida, mueven a una mayoría a elegir la nacionalidad marroquí.

El régimen de Franco instituye en 1958 la llamada Tarjeta Estadística, un documento para el control e identificación de los musulmanes residentes que, sin embargo, no otorgaba ningún derecho a sus poseedores.

 

Arraigo

“El objetivo era que reconocieran el arraigo a ceutíes que llevaban mucho tiempo viviendo aquí, pues sabíamos que reconocer el arraigo era reconocer derechos civiles”, continúa Subaire.

La situación de la comunidad de tradición musulmana en Ceuta, considerada legalmente extranjera, no era sencilla. “En el Príncipe había un solo colegio y nadie disponía de una tarjeta sanitaria”, rememora el dirigente musulmán. Las necesidades de atención médica para estos ceutíes eran cubiertas, cuando así sucedía, por una suerte de sanidad benéfica auspiciada por el Ayuntamiento.

La aprobación de la Ley de Extranjería en 1985 amenazaba a los musulmanes de Ceuta y Melilla con la expulsión. La movilización no se hizo esperar. Subaire se convirtió en un asiduo de las conversaciones en Madrid con la cúpula de Interior, negociaciones en las que compartió escenario con un singular personaje: Aomar Dudú. El representante musulmán melillense lideró una oposición feroz al Gobierno español que le condujo, sin solución de continuidad, a convertirse, sucesivamente, en asesor del Ministerio del Interior y exiliado en Marruecos.

El trabajo acabó dando sus frutos, sin embargo. El proceso para la nacionalización de los musulmanes ceutíes y melillenses se puso en marcha en 1987. De un año antes data el último censo históricamente fiable de la presencia musulmana en la ciudad. Según el Instituto Nacional de Estadística, la proporción de población musulmana ascendía en 1986 a un 22% del total, esto es, unas 14.500 personas.

“Comenzaron a darse pasos efectivos hacia adelante a partir de este momento –explica Subaire- Se aprobó un denominado Plan de Dotaciones Básicas para Ceuta y Melilla por valor de 30.000 millones de pesetas y hasta llegó a venir el ministro del Interior a la ciudad”.

La identidad social y política de los musulmanes, nucleada en torno a la religión y las tradiciones, comienza a forjarse a partir de estos años. Pese a todo, habría que esperar a 1995 para que Mustafa Mizzian ocupara un escaño en el Ayuntamiento como primer concejal musulmán. Hoy, nueve diputados de tradición y cultura musulmanas se sientan en el salón de plenos de la Asamblea. Cinco de ellos son mujeres.

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