Uno de cada seis ceutíes vive en exclusión severa: FOESSA retrata una Ceuta herida

La primera radiografía social completa de FOESSA sobre Ceuta deja cifras que inquietan: hacinamiento grave, pobreza severa y un mercado laboral que no garantiza seguridad. Una ciudad que resiste, pero que carga heridas profundas

Presentación del informe de FOESSA
photo_camera Presentación del informe de FOESSA

El primer informe FOESSA dedicado a Ceuta no deja lugar a las dudas: la ciudad atraviesa una de las situaciones sociales más delicadas del país. Uno de cada seis ceutíes (15,8%) vive en exclusión severa y casi un tercio de la población se mueve en el territorio frágil de la vulnerabilidad. La fotografía es dura, incómoda, pero necesaria.

La Fundación FOESSA, vinculada a Cáritas y referente en la medición de pobreza en España, ha radiografiado por primera vez la realidad ceutí a través de 401 hogares encuestados. El resultado es un retrato crudo que atraviesa todas las capas de la vida cotidiana: vivienda, empleo, salud, ingresos, educación y participación ciudadana.

La vivienda, la herida más abierta

Si hubiera que elegir un punto donde más duele, sería la vivienda. El informe lo expresa sin rodeos: el 38,3% de la población vive en exclusión residencial, y el dato que golpea con más fuerza —y que cuesta incluso pronunciar— es el siguiente: el 22,4% de los ceutíes vive en situación de hacinamiento grave.

En una ciudad sin suelo, con parte del territorio en manos del Ministerio de Defensa y un parque de vivienda envejecido, FOESSA concluye que una de cada cuatro viviendas es inadecuada. No habla solo de metros cuadrados: habla de humedad, filtraciones, escaleras imposibles y hogares donde conviven generaciones enteras sin privacidad.

Pobreza severa para más de una cuarta parte de la población

La factura de la desigualdad también se paga en la nevera, en los medicamentos, en la base de la vida diaria. El 27,7% de la población de Ceuta vive en pobreza severa. Dicho de otro modo: más de una de cada cuatro personas no llega a cubrir sus necesidades básicas.

A eso se suma que el 21,8% no puede permitirse un tratamiento médico o una receta, un dato especialmente doloroso en un territorio donde la salud mental se menciona cada vez más en voz alta: casi la mitad de quienes viven en exclusión severa reconocen que su estado de ánimo ha empeorado en el último año.

El empleo sigue sin ser una red de seguridad

El mercado laboral tampoco ayuda a levantar cabeza. FOESSA observa una recuperación lenta, insuficiente para frenar el peso del paro estructural. En Ceuta, dos de cada diez hogares sufren exclusión por empleo, y tener un contrato no garantiza nada: existen trabajadores pobres, familias que, aun con ingresos, no logran salir del agujero.

Los perfiles más castigados son claros: hogares donde la persona sustentadora principal está en búsqueda activa de empleo (87% en exclusión), familias sin ingresos laborales, y personas de origen extranjero, que duplican la tasa de exclusión respecto a quienes nacieron en España.

Una ciudad que se sostiene en sus redes, pero que también se siente discriminada

El informe subraya algo que Ceuta conoce bien: sus lazos comunitarios siguen siendo uno de sus pilares. Casi la mitad de los hogares cuenta con redes de apoyo mutuo, una solidaridad silenciosa que FOESSA reconoce como esencial.

Pero no todo es comunidad y calidez. El otro lado de la moneda es preocupante: seis de cada diez hogares en exclusión perciben haber sufrido discriminación. Y el 30% de quienes viven en exclusión severa asegura no tener a nadie a quien pedir ayuda si las cosas se tuercen.

Más vulnerabilidad que en el resto de España

Si se mira el mapa nacional, Ceuta aparece en rojo intenso. La exclusión severa aquí casi duplica la media estatal, y las dificultades para acceder a derechos tan básicos como la vivienda, la educación o la salud son más frecuentes.

Solo el 35% de la población está plenamente integrada; el resto vive en una integración precaria o directamente fuera de ella.

Un retrato incómodo que busca mover conciencias

FOESSA no señala culpables, pero sí apunta causas: una frontera que ya no es la que era, un mercado laboral estrecho, una ciudad con poco suelo y mucha presión demográfica, y una desigualdad que se hereda.

El informe no es un dedo acusador, sino una llamada serena, casi urgente, a mirar de frente una realidad que demasiadas veces se deja en el margen.

En palabras del propio estudio, “la exclusión social es una falla en los mecanismos de integración y enraizamiento”. Una grieta que en Ceuta —por territorio, historia y desigualdades acumuladas— se abre más que en otras partes de España.

Y aunque el diagnóstico es duro, Ceuta ha demostrado más de una vez que sabe sostenerse. Lo hace en sus redes, en sus familias, en sus barrios. Pero el informe deja claro que no basta con sostener: hay que acompañar, reparar y garantizar derechos para que nadie tenga que vivir en la frontera invisible de la exclusión.