No hizo falta balón ni césped para que la afición de la AD Ceuta viviera una tarde especial. El salón de actos de la Real Federación de Fútbol se convirtió en un pequeño santuario caballa, un lugar donde los aplausos no iban dirigidos a un gol salvador, sino a la persona que, según muchos, ha cambiado la historia reciente del club: Luhay Hamido.
El acto, impulsado por Excursiones Larbi, no pretendía ser solemne ni institucional, aunque acabó teniendo un poco de todo. Sobre todo, tuvo emoción. La afición quería dar las gracias, así, sin más, al presidente del Ceuta por su dedicación, por su manera de estar y por ese trato cercano que tantos destacan.
Un escenario lleno de caras conocidas
Entre los asistentes, autoridades de la Ciudad que no quisieron perderse el gesto: Juan Vivas, Nicola Cecchi, Sergio Aguilera y el presidente de la RFFCE, Antonio García Gaona. Pero el protagonismo no estaba en los cargos, sino en los aficionados que fueron subiendo al escenario para entregar placas y detalles a Luhay. Regalos sencillos, pero cargados de significado.
Vivas, en modo aficionado
Cuando tomó la palabra, Juan Vivas dejó claro que no venía a cumplir expediente. “Me habéis hecho llorar varias veces”, confesó, recordando aquel día en Fuenlabrada. Habló de la afición como el mejor embajador de Ceuta y del club como una causa noble que no siempre se entiende fuera.
Y sobre Luhay, no escatimó elogios: talento, audacia, sensibilidad, humildad… “Has hecho algo demasiado grande: nos has unido a todos los ceutíes”, remató. Fue uno de esos discursos que, más que institucional, suena a aficionado que se deja llevar.
Luhay, emocionado y directo
El presidente del Ceuta respondió sin artificios: “Gracias de corazón”. Dijo que actos así le confirman que todo el esfuerzo merece la pena y que en Ceuta solo se avanza “si vamos unidos”. Incluso anunció que el viaje a Huesca lo pagará él de su bolsillo, un gesto hacia quienes —recordó— se dejan mucho dinero siguiendo al equipo.
Final con foto, vídeo y brindis
La tarde terminó con un vídeo sorpresa, una foto grupal que parecía no acabar nunca y un pequeño ágape donde aficionados, autoridades y directivos compartieron charla sin prisas. Un cierre muy en la línea del acto: cercano, sencillo y con ese punto de orgullo caballa que últimamente se respira en torno al Ceuta.