La mañana de este martes, las puertas de la Delegación del Gobierno en Ceuta se han convertido en un pequeño punto de pausa dentro del ruido cotidiano. Un minuto de silencio, breve pero contundente, ha reunido a responsables institucionales y personal de la casa para recordar a las dos últimas víctimas de la violencia machista: Ainhara, de solo tres años, en Alicante, y Silvia María, de 49, en Zaragoza.
Sin grandes discursos ni escenografías, el gesto ha tenido la sobriedad de lo que duele. Entre los asistentes, el delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano, y la jefa de la Unidad de Violencia de Género, Livia Rosales, quien ha sido la encargada de leer la declaración institucional.
El texto, duro en cifras y en fondo, ha puesto nombre y contexto a una realidad que no deja de sumar tragedias: 14 mujeres asesinadas en lo que va de año y 3 menores. Desde 2003, 1.357 mujeres. Desde 2013, 68 niños y niñas. Números que, repetidos tantas veces, corren el riesgo de volverse ruido, aunque detrás haya vidas truncadas y familias rotas.
La declaración ha subrayado la brutalidad del asesinato de Ainhara, una niña que apenas empezaba a descubrir el mundo, y el de Silvia María, cuya vida adulta también fue arrebatada. Dos historias distintas atravesadas por la misma violencia.
El mensaje institucional ha insistido en que no habrá pasos atrás y en que la respuesta debe ser colectiva. No solo de las administraciones, también de quienes conviven, observan, sospechan o pueden tender una mano. Recordaron, además, los recursos disponibles: el 016 para información y asesoramiento, los teléfonos de emergencia y la aplicación AlertCops para avisos discretos en situaciones de peligro.