La fábrica de chocolate Maruja es, sin duda, un referente en la historia industrial de Ceuta. Conocida por su inconfundible sabor y su arraigo en la memoria colectiva de los ceutíes, esta empresa centenaria ha sido testigo de la evolución del sector chocolatero en la ciudad. Su origen se remonta a principios del siglo XX, cuando dos familias emprendedoras, los Borrás y Constantino López, sentaron las bases de lo que hoy es un símbolo gastronómico de la ciudad.
Fue Constantino López quien fundó la primera fábrica de chocolate en Ceuta, bautizándola como Maruja en honor a su hija. Al mismo tiempo, impulsó otro negocio clave en la ciudad, la imprenta Olimpia, en homenaje a su otra hija. Tras su fallecimiento prematuro, la familia Borrás adquirió sus negocios y consolidó la fábrica de chocolate, manteniendo su esencia artesanal. En los años 90, Ricardo Borrás dio un nuevo impulso a la empresa, modernizando sus procesos sin perder la esencia de su sabor tradicional.
Uno de los mayores éxitos del chocolate Maruja ha sido su capacidad de adaptarse a las condiciones climáticas. Elaborado como un sucedáneo de chocolate, su fórmula incorpora grasas vegetales en lugar de manteca de cacao, lo que le ha permitido resistir mejor las altas temperaturas y conquistar el mercado marroquí durante décadas.
Las mujeres de producción: las manos que dan forma al chocolate Maruja
A lo largo de su historia, la fábrica de chocolate Maruja ha sido reconocida por la calidad de su producto y su trayectoria, pero pocas veces se ha destacado el papel fundamental de las mujeres que trabajan en su producción. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, Ceuta Actualidad ha querido dar visibilidad a estas trabajadoras que, con esfuerzo y dedicación, han sido y son clave en la elaboración del icónico chocolate.
El proceso de producción en la fábrica es largo y minucioso, comenzando con la recepción de materias primas, la selección y tueste de almendras, la preparación de las recetas y el refinado de la pasta de chocolate. Es en la fase final del proceso donde entran en acción las más de 15 mujeres que forman parte de cada turno, encargándose de que el chocolate Maruja llegue en perfectas condiciones a su destino.
Con los años, la fábrica ha modernizado sus instalaciones, incorporando nuevas maquinarias que han mejorado las condiciones laborales y reducido el esfuerzo físico de las trabajadoras. Sonia Borrego, supervisora de grupo, explica cómo ha cambiado su trabajo: "Ha cambiado bastante lo que es la maquinaria en hacer esfuerzo físico. Antes era todo más manual, mucho más duro y más lento".
A pesar de la modernización, el trabajo en producción sigue requiriendo una gran coordinación y trabajo en equipo. Cada mujer en la línea de producción depende de la labor de sus compañeras, convirtiendo el proceso en una cadena donde la precisión y la dedicación son esenciales. "Aquí todas dependemos unas de otras, y la clave es el trabajo en equipo", comenta una de las operarias.
Las mujeres de la fábrica de chocolate Maruja representan el esfuerzo, la constancia y la pasión por un oficio que ha perdurado durante generaciones. Su labor, muchas veces invisible, es el pilar sobre el que se sostiene una de las marcas más queridas de Ceuta. En este Día Internacional de la Mujer, su historia y dedicación merecen un reconocimiento especial.