Verónica Rodríguez Cabezas es un nombre que resuena con fuerza en el mundo marítimo de Ceuta. No solo por ser la primera mujer piloto de segunda de la Marina Mercante de la ciudad, sino también por su perseverancia y pasión por un sector históricamente "dominado" por hombres. Con 33 años, Rodríguez ha recorrido un largo camino desde sus primeros pasos en el mundo de la navegación hasta convertirse en una figura de referencia en la formación marítima, destacando por su dedicación y su enfoque en la seguridad y profesionalismo.
Un comienzo incierto, pero decidido
Verónica no proviene de una familia relacionada con el mar, sino que su acercamiento al mundo marítimo fue casi fortuito. Durante su etapa en la ESO, una charla de la Universidad de Cádiz sobre la carrera de navegación marítima despertó en ella el interés. “En mi familia no había marinos, mi padre era aficionado a la pesca, pero fue ahí cuando decidí que quería ir por el camino de la navegación”, comenta con una sonrisa.
Aunque la decisión fue clara, el camino no fue fácil. En un sector con poca información sobre las oportunidades, especialmente para las mujeres, Verónica tuvo que ser persistente para embarcarse. “Tuve que llamar cada 15 días a Madrid para poder conseguir una plaza y embarcarme como alumna. Fueron ocho meses de insistencia, pero al final lo conseguí por ser ‘pesada’”, explica. A pesar de los obstáculos, como la falta de ayuda y la escasa información, Verónica se embarcó a los 21 años, enfrentándose a responsabilidades que la mayoría de sus compañeros no asumían a tan temprana edad. Fue así como comenzó su formación como oficial de puente y se embarcó en la práctica profesional. "Todo fue un proceso de mucha perseverancia, sin padrinos ni apoyos externos. Simplemente me enfoqué en mi meta y luché por ella", comenta.
El reto de asumir responsabilidades desde joven
A los 23 años, Verónica ya era oficial en un ferry. Recordando esa etapa, destaca que, aunque la juventud no era la ideal para asumir tantas responsabilidades, su enfoque era claro: “No me intimidó tanto la responsabilidad, me concentraba en aprender lo nuevo. Claro que ahora, con la experiencia que tengo, algunas cosas las haría de manera distinta”.
En un sector predominantemente masculino, la joven Rodríguez no solo destacó por su capacidad profesional, sino también por su habilidad para relacionarse con sus compañeros, incluso cuando era una de las pocas mujeres a bordo. “Nunca me vi inferior a mis compañeros, mi forma de trabajar siempre ha destacado”, asegura, subrayando que la clave de su éxito ha sido la profesionalidad, más allá de ser mujer.
La experiencia de ser mujer en un entorno laboral "dominado" principalmente por hombres no fue sencilla, pero Verónica nunca dejó que esto la intimidara. "No he sentido que tuviera que demostrar más que mis compañeros, simplemente me enfoqué en ser profesional y en hacer mi trabajo de la mejor manera posible. Al final, la capacidad y la seriedad en tu trabajo son lo que te hacen destacar", señala.
De piloto a formadora
A lo largo de los años, Rodríguez ha combinado su labor como piloto con su faceta docente. Ha formado a cientos de alumnos en Ceuta y otras localidades españolas, tanto en cursos de embarcaciones de recreo como en formación profesional marítima. Su principal satisfacción no es solo que sus alumnos aprueben, sino que realmente aprendan y se conviertan en profesionales responsables: “Mi motivación como docente es que los alumnos se concentren en aprender, en formarse correctamente, y no solo en aprobar el curso”, enuncia.
En cuanto a la presencia femenina en sus clases, Verónica ha sido testigo de un cambio importante. Aunque al principio sus cursos estaban llenos de hombres, hoy en día hay más mujeres que se interesan por el sector marítimo. “Aunque sigue siendo una minoría, cada vez hay más mujeres, tanto en la torre de control como en el puente de los barcos. El cambio es real”, afirma.
La torre de control: un desafío constante
Actualmente, Verónica trabaja como VTS (Sistema de Tráfico Marítimo) en la torre de control del Puerto de Ceuta, donde se encarga de coordinar el tráfico marítimo, especialmente el de los ferris que conectan Ceuta con la Península. Aunque compara su trabajo con el de los controladores aéreos, asegura que el mar presenta desafíos únicos: “La diferencia es que no puedes detener un barco como un avión. La información que manejas es constante y, a menudo, debes tomar decisiones rápidas para garantizar la seguridad”, explica.
Además de su trabajo en la torre, Rodríguez se involucra activamente en todas las tareas relacionadas con la seguridad en el Puerto, coordinando desde los amarradores hasta el control del tráfico de mercancías. “Es un trabajo 24 horas, a veces complicado, pero muy gratificante”, señala.
Sin embargo, Verónica ha tenido la oportunidad de recibir propuestas para volver a embarcarse en el futuro, pero actualmente se enfrenta al dilema de si dejar su trabajo estable en la torre para retomar la vida en el mar, con las incertidumbres que esto conlleva. A pesar de las dificultades, su amor por el mar sigue intacto, y no descarta que, en un futuro cercano, pueda embarcarse nuevamente.
Retos y el futuro
Aunque Verónica no tiene dudas de que ha alcanzado muchos de sus objetivos, su ambición sigue viva. Su próximo gran reto es montar su propia escuela náutica, tanto para embarcaciones de recreo como para formación profesional marítima. “Quiero hacer las cosas bien, crear una escuela donde los alumnos realmente aprendan, no solo tomen un curso y se vayan”, explica.
La escuela será el siguiente paso en una carrera que ha estado marcada por la formación continua, la superación y el deseo de dar lo mejor de sí misma a quienes se inician en el mundo marítimo. “Quiero hacerlo a mi manera, sin depender de nadie, y que la gente que pase por mi escuela aprenda lo que realmente necesita”, concluye con firmeza.
La lucha por la igualdad y el cambio
Verónica Rodríguez, a lo largo de su carrera, ha demostrado que la persistencia, el esfuerzo y la dedicación pueden romper barreras y abrir caminos en sectores donde la presencia femenina ha sido históricamente limitada. A pesar de los retos que ha enfrentado, su historia es un ejemplo de resiliencia y empoderamiento. Hoy, como pionera en su campo, sigue mirando hacia el futuro, con nuevos desafíos en mente, pero sin perder de vista su pasión por el mar y por la formación de futuras generaciones.
Este es un retrato de una mujer que, a pesar de las adversidades, ha logrado hacerse un nombre en el mundo marítimo, desafiando estereotipos y demostrando que el mar no tiene género.
Verónica ha demostrado que, con esfuerzo, dedicación y pasión, cualquier meta es alcanzable, y que la presencia femenina en el sector marítimo sigue en aumento, rompiendo barreras y abriendo nuevos caminos para las futuras generaciones de mujeres en el mar.