Sucesos/Tribunales

La juez consideró la posibilidad de suspender la vista

La avería de los ascensores fuerza a una mujer de 90 años a subir dos pisos a pie para declarar en un juicio

Edificio Ceuta Center (C.A.)
photo_camera Edificio Ceuta Center (C.A.)

La mujer, prácticamente ciega y con problemas de audición, acudía a juicio como víctima de un presunto engaño en la venta de su casa. 

El día a día de los accesos al edificio Ceuta Center vio este jueves cómo una anciana de noventa años, que acudía como testigo a un juicio en la sala del Juzgado de lo Penal 2, accedía a duras penas subiendo escaleras para presentarse a tiempo a un juicio en el que era víctima y, a la vez, testigo. Prácticamente ciega y con problemas de audición, fue auxiliada por dos personas para subir los cuatro tramos de escalera, dado que, una vez más, el único ascensor de los que deberían estar operativos volvía a estar averiado.

El hecho de que una señora de tan avanzada edad y en las condiciones en las que se halla tuviera que ascender penosamente las escaleras –tardó casi media hora en llegar- motivó la indignación de la titular del Juzgado de lo Penal número 2, quien, al tener constancia de lo que estaba ocurriendo, ordenó al personal del juzgado que bajaran de inmediato y que evitaran que la señora tuviera que subir las escaleras, además de que le indicaran que no se preocupara que ella iba a suspender el juicio, dadas las circunstancias y el riesgo para la integridad de la anciana. Para entonces, sin embargo, ya estaba arriba, en la segunda planta, donde se encuentra la sala de vistas, por lo que se decidió iniciar el juicio.

 

Visto para sentencia

Se trataba de una vista de apropiación indebida, problemas de inejecución de una sentencia previa en juzgado ordinario, falsedad documental, y otros delitos más, todo ello en relación a la venta de una vivienda que compartían, en régimen de propiedad, la anciana y una hija suya. De los 82.000 euros que la hija percibió por la venta de la casa, la anciana solo percibió 500 euros, mientras que la hija se hizo cargo del resto y no consta que le diera la parte correspondiente a su madre.

Un perito calígrafo constató que un escrito aparentemente firmado por la madre en la que renunciaba a su parte económica de la venta del inmueble, contaba con una firma que no era la de la anciana. Una falsificación.

La acusación particular solicita hasta ocho años de prisión por tres delitos distintos para la mujer, además del pago del dinero y de los intereses devengados. La Fiscalía pide dos años de cárcel más lo mismo en el plano económico. La defensa pide la libre absolución.

La anciana se encontró, en su momento, sin casa, con una pensión de 600 euros y aunque en principio se acogió en casa de un hijo, dadas las otras cargas familiares que tenía éste- que compareció como testigo- ella, por propia determinación, optó sin comunicarlo a la familia por pedir ayuda a Cáritas y ser acogida en la residencia Nazaret, desde donde fue trasladada ayer para el juicio. El caso ha quedado visto para sentencia.

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