Sucesos/Tribunales

Juicio contra el exprofesor del San Agustín por presuntos abusos a menores

Exalumnos reconocen que hacían masajes en las cervicales al acusado "porque querían"

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photo_camera El Tribunal visionando un vídeo (C.A.)

“Nunca me he sentido coaccionado o incómodo con el profesor”, ha manifestado otro de los exalumnos del docente de los Agustinos. 

Un testigo de 24 años ahora ha señalado que era una relación de amistad la que tenía con el acusado, “era como un segundo padre”.

Recibió del acusado una camiseta por su cumpleaños y una pluma cuando me gradué. “Entre varios compañeros le regalamos una pulsera y un pantalón”. “Nunca me he sentido coaccionado o incómodo con el exprofesor”, ha añadido. 

Otro testigo que conocía al docente desde los 10 o 12 años ha explicado que lo conoció por el futbol y la cofradía. “Era mucha confianza la que tenía con él, comíamos juntos…”. Le hablaba “con mucho cariño”, que -dice- era una “forma de hablar”. No ha recordado si recibió regalos. Siendo mayor de edad y monitor "mantuve un contacto amplio y estrecho en el tiempo con él". 

De problemas del profesor en las cervicales no sabía nada este testigo. Ha dicho que no recordaba si el acusado les hacía fotos.

Otro exalumno, a preguntas de la defensa, ha afirmado que era amigo del hijo de la denunciante. "Manteníamos los dos la misma relación". Ha apuntado a que su familia tenía más relación con el profesor que él y que el lenguaje “mi amor, mi vida… también era usado por sus familiares”.

Asegura que el hijo de la denunciante quiso convencer a su madre de que no denunciará. "Fuimos a comer a su casa porque nos encantaban los macarrones del padre del acusado que vivía en su casa”. No ha tenido ningún inconveniente en manifestar que se hacían fotos en casa del acusado, pero no recuerda que se hacían con esas fotos.  

A la pregunta de cómo era el acusado, señala que "era presumido, le gustaba expresar su cuerpo y en sus redes sociales se puede apreciar". “Le hice masajes porque yo quería y en las cervicales”.

No recuerda que el acusado entrara en los vestuarios cambiándose o duchándose los alumnos. 

Las visitas al parador La Muralla se realizaron y las fotos también. “Le cogíamos el móvil al profesor”. Sin embargo, no se acuerda si el celular tenía contraseña. “Desde su Whatsapp pasamos las fotos a nuestros teléfonos”, ha puntualizado. “A mi padre le hizo un regalo, a mí, no. A amigos también le hizo regalos, pero no sé qué regalos exactamente. Eran detalles”. Nada sabe de calzoncillos o bañadores "regalados" a los chicos por el acusado. 

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