La Delegación del Gobierno en Ceuta rinde homenaje con un minuto de silencio a Ilham, mujer de 34 años asesinada por su pareja en Badajoz. El crimen eleva a 24 el número de mujeres asesinadas en 2025. Una llamada urgente a no callar ante la violencia machista.
A las doce en punto del mediodía, el silencio ha llenado el hall de la Delegación del Gobierno en Ceuta. Un minuto. Sesenta segundos de respeto, de rabia contenida, de duelo compartido. Esta vez, por Ilham. Tenía 34 años y cuatro hijas menores. Fue asesinada, presuntamente, por el hombre con el que compartía vida y hogar. El mismo al que había denunciado antes.
El crimen ocurrió el 4 de agosto en Badajoz. Hoy, tres días después, Ceuta ha querido rendirle homenaje y recordar que cada una de estas muertes es una herida abierta en el corazón de una sociedad que no puede permitirse mirar hacia otro lado.
La Delegación del Gobierno ha condenado el asesinato con una declaración institucional, leída por Gonzalo Sanz, del gabinete de la Delegada. “No se trata de casos aislados”, decía el texto. “Es una forma extrema de control y dominación que sigue cobrándose vidas”.
Con Ilham, ya son 24 las mujeres asesinadas en lo que va de 2025 por sus parejas o exparejas. Desde 2003, la cifra asciende a 1.318. Sus hijas, cuatro menores, se suman a los 16 niños y niñas que han quedado huérfanos este año por violencia de género. Desde 2013, son ya 485.
Desde la Unidad de Coordinación contra la Violencia sobre la Mujer recuerdan que la ayuda existe, que no hay que estar sola. El 016 sigue activo las 24 horas, todos los días, con atención confidencial, gratuita y en 53 idiomas. También se puede pedir ayuda por WhatsApp (600 000 016), por correo electrónico (016-online@igualdad.gob.es), o a través del chat web. En emergencias, el 112, el 091 o el 062 siguen siendo vitales. Y para quienes no puedan hablar, la app AlertCops permite enviar una señal de auxilio con geolocalización.
Ilham no es solo una cifra más. Es una madre, una mujer, una vida arrebatada. Hoy, su nombre resuena en Ceuta. Y con él, la urgencia de no callar. Porque callar, también mata.