La hija de la fallecida en Parques de Ceuta, inquebrantable: "No veo contradicción"

La defensa del acusado, el policía local Alonso Miguel G.D., trató sin éxito de buscar las cosquillas a la joven que presenció el presunto asesinato siendo menor 

Juicio asesinato Parques de Ceuta

En un mismo tablero y con las mismas piezas, pero con nuevos movimientos, la partida de ajedrez del juicio por el asesinato de Mari Ángeles Lozano en su vivienda de parques de Ceuta, inició su repetición este martes. Fiscalía y acusación particular mantuvieron sus tesis que sostienen que su marido Alonso Miguel G.D. la mató a sangre fría tras años de maltratos. Más o menos como la acusación, que persiste en la teoría del accidente tras un forcejeo entre padre e hija -con mediación de la enfermedad mental-, pero que sí ejecutó pequeños recálculos ante el cambio de juez -un elemento esencial en la nueva vista-, sin mucho éxito.

La hija de la fallecida, única testigo presencial de los hechos, se mantuvo inquebrantable ante las acometidas de la letrada defensora, Inmaculada Güil, -quien se describió como una persona comprometida con los más desfavorecidos y con mujeres víctimas de violencia- que veía contradicciones a cada pocas palabras de la joven: "Yo no las veo", sentenció tras examinar testimonios previos el magistrado Luis de Diego Alegre. 

Juicio asesinato Parques de Ceuta
Juicio asesinato Parques de Ceuta

La jornada comenzaba temprano con todas las miradas puestas en la selección del nuevo jurado. El fallo del anterior, que condenó a 35 años por varios delitos -incluido el de asesinato- al acusado, agente de la Policía Local, no convenció al Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), que decidió declarar el juicio nulo y forzar la repetición de la vista. 

Con nueva alineación de ciudadanos dispuestos a impartir justicia constituida poco antes de la una de la tarde y Alegre como magistrado presidente, sustituyendo a Rosa de Castro al frente de la sala, se inició el proceso. Alonso Miguel G.D. había llegado libre, sin esposas, tras cumplir los cuatro años de prisión provisional que contempla la ley. Su abogada Güil, espoleada por el éxito de su recurso ante el Alto Tribunal y tras sacar a su cliente de la cárcel, salió con todo. 

Embarró desde el principio, en las cuestiones previas, empezando ya a interrumpir al juez, que trataba de no perder la paciencia ni el control de la sesión. Al final concedió pequeñas cosas, destacando la renuncia a una de las testigos familiares del acusado, justo la mujer que en el juicio previo había señalado a la hija de la asesinada como homicida voluntaria. También se cayeron algunos otros testimonios de familiares, pero no los de peritos médicos como solicitaba Güil. 

Acusación particular y Fiscalía lo tienen claro: Un asesinato como colofón al maltrato

Salvado el trámite inicial, comenzaron los informes previos. Fiscalía abrió el turno reiterándose en la postura que mantuvo en el juicio previo. El asesinato a punta de pistola llegó como colofón a una escalada de violencia previa, "al maltrato habitual" al que el marido sometía a su mujer. "Pocas veces contamos con un testigo directo, en muchos juicios de jurado hay que hilar muy fino por un indicio (...) Es el juicio más sencillo al que se van a tener que enfrentar", subrayaron Silvia Rojas y María Arazuri, representantes del Ministerio Fiscal. 

Anticiparon además que Güil y el entorno familiar del acusado tratarán de "desplazar la responsabilidad a su hija": "Cuando escuchen mucho ruido, hay pocas nueces. Ese ruido tiene que apoyarse en pruebas", apostillaron, marcando el camino que también seguiría en su primera intervención el abogado de la familia de Lozano, Javier Cabillas. 

"De lo que se trata es cuáles de los personajes que se encontraban en la escena le ofrece más credibilidad. La hija o el acusado. Los hechos ocurren como declara la espectadora que había", argumentó el letrado, que relató por encima un largo historial de malos tratos y situaciones de violencia familiar que acabaron por cristalizar en el presunto asesinato, el 14 de marzo de 2022, tras una discusión por una cita médica perdida.

"Ese incidente no fue aislado. Una cita médica no es un motivo para matar a nadie. La madre había iniciado o manifestado su idea de iniciar un planteamiento de divorcio", prosiguió Cabillas, que también alertó sobre la estrategia de la defensa, basada en que los disparos se produjeron accidentalmente en un forcejeo entre la niña y su padre -debida a a un malentendido- y en la supuesta enfermedad mental del acusado: "Quizá oigan alguna alusión a la presunción de inocencia, pero a la presunción de inocencia quiebra cuando existe prueba contundente", zanjó. 

La abogada defensora: "He trabajado en zonas de Guerra y en proyectos con mujeres víctimas de violencia"

Comenzó su turno la abogada de Alonso Miguel G.D. diciendo que había trabajado "en zonas de guerra, para el Gobierno". Concretando su presencia en "Gaza y Palestina" y "en proyectos con mujeres víctimas de violencia". Una carta de presentación orientada a descartar que este caso tenga algo que ver con el maltrato. 

También negó lo planteado por Fiscalía y Acusación Particular relativo a la sencillez del juicio. "Ya venimos de un juicio que fue anulado, no actúen con prejuicio. Reflexionen todo tipo de pruebas. Requiere tiempo. No es tan simple como lo pinta la acusación. Nosotros no pedimos un veredicto por compasión o pena. Pedimos un juicio justo. Apliquen el sentido común", parlamentó la letrada.

"No estamos ante un asesinato machista, fue una tragedia que se produce en la vivienda familiar. No hubo intención de matar a nadie", dijo a renglón seguido, rebajando el tono respecto al primer juicio, en el que llegó a sembrar por momentos la duda de que la propia niña hubiera matada a su madre de forma deliberada.

En cualquier caso, no restó culpa a la propia fallecida y a la niña del resultado final de los hechos. Según Güil, el policía local acusado no es otra cosa que un enfermo mental diagnosticado desde hace décadas de trastorno bipolar y esquizofrenia paranoide, además de otras enfermedades mentales adyacentes. 

A su parecer el hombre debió ser ingresado en una unidad de agudos de Salud Mental pocos días antes de que ocurrieran los hechos, a la vista de la presunta recomendación de una psiquiatra a la que visitaba en Algeciras. Consejo que, en virtud del relato de la letrada, su esposa, la fallecida Lozano, desoyó. 

Por ello, el día de autos, y con un estado de conciencia alterada, discutió con su mujer, portando la pistola en la mano, simplemente por que "la iba a guardar", abalanzándose su hija sobre él en una confusión y provocando así los disparos. 

"Que mala suerte, que desgracia estarán pensando", dijo refiriéndose a lo que, creía, estarían pensando los jurados tras escuchar su alegato, en el que acabó siendo cortada por el juez presidente a la vista de que su proceder se salía de la normativa. 

El hombre "inocente" que siguió pagando la hipoteca e ingresando dinero a sus hijos desde la cárcel 

Sin obligación de decir verdad salió a continuación a la palestra el acusado, Alonso Miguel G.D., que se dibujó -en la línea del relato de su abogada- como un padre entregado -que sigue pagando la hipoteca e ingresando dinero a sus dos vástagos desde la cárcel-, con una memoria en ocasiones virtuosa, a pesar del supuesto estado mental alterado que dijo sufría el día de los hechos y de las serias enfermedades de las que asegura estar diagnosticado. 

Ante el jurado afirmó haber ido en los días previos al psiquiatra a Algeciras, sin que la médica le dijera nada a él sobre la necesidad de ingresarlo. Justo pocas jornadas antes del 14 de marzo se había reincorporado a su trabajo como policía local en el Mercado de San José, tras recuperarse de una caída en bicicleta que le había dejado "el brazo sin fuerzas". 

En la fatídica jornada, volvió a casa por encontrarse dolorido de la espalda, encontrándose allí a su hija que no había acudido a clase, "a pesar de tener un examen al día siguiente". Dijo también que la niña llevaba días sin estudiar ni comer, por lo que fue a regañarla: "No podía con ella", añadió, indicando que ante su falta de éxito en persuadir a la joven se fue al salón. 

Cuando Lozano llegó a casa, le habló de una cita médica que no encontraba y mientras esta buscaba el papel que recordaba haber dejado en un lugar preciso de la cocina, él se dispuso a llevar el arma reglamentaria a la caja fuerte de la habitación. En el proceso, la mujer le urgió repetidamente que acudiera a la cocina, haciéndolo con la pistola en la mano. 

Al verlos discutir y apreciar el arma en la mano, en opinión del acusado, su hija se abalanzó sobre él tratando de arrebatársela y acabando con la vida de su madre de forma accidental. 

"Mi padre es un asesino y un maltratador"

Terminada la intervención de Alonso Miguel G.D., que solo contestó a las preguntas de su abogada, llegó el turno de la niña, por entonces menor de edad, quien presenció los hechos in situ. 

Entre lágrimas relató como su padre controlaba permanentemente a su esposa, como presuntamente la maltrató psicológicamente durante años, temeroso además de un posible divorcio. Un férreo dominio que ejercía con comentarios violentos -también proferidos a la niña- y gestos físicos humillantes. 

A ella no le consta que su padre tuviera enfermedad mental alguna, de hecho, dijo nunca haberlo visto tomar medicación. Tampoco alcohol, como trata la defensa de asegurar en busca de un atenuante para una hipotética condena. 

El día de los hechos tiene claro haber visto a su padre coger la pistola de forma violenta, plantándose en la cocina y apuntando a Lozano con intención de acabar con su vida. Ella trató de evitarlo, pero el hombre alcanzó con una bala a la mujer tras zafarse de la joven. Luego, en el posterior forcejeo, el arma se accionó de nuevo lanzando un proyectil contra la nevera. 

Preguntada por qué opina sobre su padre, se mantuvo firme: "Es un asesino y un maltratador". Todo coincide con lo escuchado en la sala este martes cuando se reprodujeron los audios de las llamadas al 112: "Mi padre ha disparado a mi madre", gritó entre intensos sollozos la por entonces menor a su interlocutor al otro lado del teléfono, al que solicitaba una ambulancia. 

A mayores, la Fiscalía aportó un dato no escuchado en el juicio previo. Del análisis del móvil de Lozano se desprende que la fallecida y su pequeña mantenían una relación cercana. Más de 500 folios de conversaciones de Whatsapp en los que la madre y su hija conversaban de lo cotidiano y se mostraban cariño y preocupación mutua. Sin embargo, en el terminal del hombre, apenas se encontraron 15 páginas de diálogos con su padre: "En ellas no se decían nada". 

Para concluir la jornada, en su turno de preguntas, la letrada Güil trató sin éxito de aludir a supuestas contradicciones entre el testimonio de la hija durante la investigación de los hechos y lo sostenido en la vista. El juez permitió la reproducción del vídeo donde la abogada consideraba que las declaraciones eran otras: "No veo ninguna contradicción", acabó por concluir. 

El juicio se reanudará mañana con nuevos testigos en lo que se prevé un duro y emocional trayecto de más de una semana para determinar si Alonso Miguel G.D. asesinó a su mujer y maltrató de forma continuada a sus familiares.