La hija de la asesinada en Parques de Ceuta: "Cuando lo vio con la pistola se quedó inmóvil mirándome"

La joven, que en aquel entonces tenía diecisiete años, recordó cómo fue testigo presencial del asesinato de su madre a manos de su progenitor y le dijo "te amo" mientras se desvanecía en suelo. La familia de la fallecida retrató al acusado como un hombre "controlador, malhumorado, racista y fascista"

 Un momento de la vista por el crimen de Parques de Ceuta.
photo_camera Un momento de la vista por el crimen de Parques de Ceuta.

Tenía diecisiete años -faltaban solo tres días para que cumpliera los dieciocho- cuando vio como en la cocina de su casa su madre, María Ángeles Lozano, recibía un disparo que le costó la vida. Este martes, ya con 21, rememoró lo ocurrido tanto aquella tarde como en los meses y años previos, señalando a su padre, A.G.D., como responsable del asesinato y de una larga historia de malos tratos. Lo hizo ante la mirada del jurado popular y de tres magistradas de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Cádiz desplazada en Ceuta, sin escatimar en detalles a la hora de responder a las preguntas de los letrados: "Cuando mi madre le vio entrar con la pistola se quedó inmóvil mirándome a mí", recordó la joven, cuyas últimas palabras a su progenitora, "la persona a la que más quería" fueron un "te amo" mientras se desvanecía en el suelo del domicilio ubicado en Parques de Ceuta, el 14 de marzo de 2022. 

De que su padre quería matarla no le cabe duda y de que maltrataba psicológicamente, tanto a Lozano como a ella misma, tampoco. Coincidiendo con su testimonio, los familiares de la fallecida que pasaron este martes por la sala dibujaron al hombre, que era agente de la Policía Local, como una persona "controladora, machista, malhumorada, racista" e incluso "fascista".

Fiscalía y acusación particular -ejercida por el letrado Javier Cabillas- lo consideran responsable de delitos de maltratos habituales y de asesinato, además de autor de ilícitos contra la integridad moral y de lesiones psicológicas. Por ello le piden entre 34 y 40 años de prisión. Frente a eso, la abogada de la defensa, Inmaculada Güil, -que trató de buscar contradicciones en las declaraciones y confundir a los testigos durante la sesión de este martes- interesa la libre absolución al considerar que fue un accidente y que en realidad la niña disparó el arma hacia su madre accidentalmente en un forcejeo con el hombre.

A preguntas de las dos representantes del Ministerio Fiscal, la joven explicó que la relación entre sus padres era "seca", "sin muestras de cariño": "Él siempre estaba por encima. Se hacía lo que él quería", contó poniendo como ejemplo el hecho de que su madre le hiciera siempre la comida y este respondiera diciendo que "era una mierda". "Ella nunca contestaba, siempre se callaba", añadió la testigo, dando a entender que Lozano tenía miedo de su marido.

Desde que tiene uso de razón recuerda que les gritaba a ambas. "Siempre chillaba. Decía cosas como 'te voy a encasquetar una hostia', 'tonta' o 'zumbada'". A su madre "le pellizcaba en el culo y cuando gritaba él se reía". Esta actitud la mantenía "sobre todo con mujeres" y se extendía también a llamadas telefónicas reiteradas cada vez que no encontraba a su esposa en casa. "La llamaba y ella volvía siempre corriendo".

Según su hija solía volver al piso con el arma reglamentaria y la guardaba en una caja fuerte del dormitorio. "En muchas ocasiones, cuando discutían, se metían al cuarto y se escuchaba abrir la caja, que hacía un ruido específico. Yo no entendía por qué. Lo comprendí después de lo que pasó", explicó la joven estremeciendo a los presentes en el juicio.

Puso muchos ejemplos de mala conducta por parte de A.G.D., algunos vividos en sus propias carnes, como cuando le cuestionó que fuera al psicólogo; otros que le contaban de su comportamiento en el trabajo o del trato que mantenía con la familia. Todo eso, a su juicio, llevó a su madre a tener la firme intención de divorciarse, cosa que no llegó a comentar con claridad a nadie.

El día del asesinato

"Creo que mi madre le había pedido ya el divorcio", subrayó la joven, que incidió en que llevaban tiempo durmiendo separados, coincidiendo con una última visita del hombre -del que dice su defensa está diagnosticado de tres trastornos mentales- al psiquiatra en Algeciras, pocos días antes de los hechos.

Después de que Lozano y A.G.D, hubieran mantenido una discusión el día previo el hombre volvió en la mañana del 14 de marzo de 2022 a su casa sobre las diez, procedente de su puesto de trabajo vigilando el Mercado de San José. Su esposa no estaba en casa: "Me preguntó que dónde había ido. Al rato escuché que había llegado, yo estaba en mi habitación y le oí discutir mientras mi madre fregaba pegada a mi puerta", detalló la testigo, que precisó que el enfado del hombre venía a cuenta de la desaparición del justificante de una cita médica.

Poco después percibió "un grito ahogado", como si su progenitora pidiera auxilio. "Me levanté y fui corriendo porque pensé que le estaba pegando. Al abrir la puerta lo vi a él en el pasillo hacia el salón, vi como el sacaba el arma del cinturón, muy agresivamente, fue a la cocina y cargó el arma. Yo lo seguí y él ya estaba allí apuntando a mi madre", relató visiblemente ansiosa la joven. 

Con la voz quebrada, entre lágrimas recordó como se puso frente a él y le agarró la muñeca. "Me empezó a decir, 'que te cuente, que te cuente lo que me está haciendo, lo que me ha hecho todos estos años'". Ella respondió: "Le dije, piensa en tu otro hijo, os queremos, os necesitamos a los dos". Entonces, disparó. 

"Luego hizo amago de bajar el brazo pero lo volvió a subir y ahí le empujé para que no volviese a disparar a mi madre. Estaba el cubo de la fregona detrás, nos resbalamos y se disparó el arma. La bala, según me dijeron, dio en la nevera", concluyó.

Seguidamente, la Fiscalía pidió realizar un recorrido en imágenes por la casa para reconstruir lo sucedido, dando entonces más detalles sobre las posiciones y expresiones faciales de los implicados. Tras el segundo tiro, cuenta la joven que A.G.D. le dijo que se iban a "hacer daño" y aseguró que guardaría el arma. Así lo hizo mientras ella llamaba a Emergencias e iba en busca de su tío, que vivía y aún reside justo en el piso de abajo del mismo edificio.

Durante la sesión se reprodujeron las llamadas telefónicas, tanto las dos de ella al 112, como la que él hizo a sus compañeros de la Policía Local, asegurando que se le había disparado la pistola dándole la bala a su esposa.

Todo acabó con la muerte de Lozano y la presencia de agentes nacionales y locales en la casa. Con la niña yendo a curarse la mano herida en el forcejeo a una clínica y luego acudiendo sin solución de continuidad a testificar a comisaría. 

Precisamente, en sembrar confusión en la joven y en el resto de testigos y en advertir de supuestas incongruencias entre el testimonio prestado este martes y los emitidos en anteriores fases de la instrucción, basó su estrategia en el interrogatorio la abogada defensora del hombre. Esta pretende asegurar que el primer tiro no impactó en la mujer, sino que lo hizo el segundo, achacándolo a que fue la niña quien apretó el gatillo sin querer tras quitar el arma a su padre. Todo esto lo negó ella, que sí reconoció haber tocado la pistola durante el forcejeo con A.G.D., pero nunca haberla disparado. 

Un perfil "controlador, machista y malhumorado"

Tras la hija, fueron interrogados en la sala tres familiares de Lozano. Su hermana, el marido de de esta -que subió a la casa después del asesinato, antes de que llegara la Policía- y el hijo de ambos, también presente en la vivienda el día de autos. Todos coincidieron en señalar una serie de características muy negativas de A.G.D., dibujándolo como un maltratador, al menos piscológico, para madre e hija.

Por sus comportamientos durante las vacaciones anuales que compartían los dos núcleos familiares durante el verano dijeron de él que era "egoísta". Como ejemplo, que cuando había que hacer turnos de comida en el chalet de veraneo, al ser muchos los que tenían que sentarse en la mesa, él siempre "tuviera que ir primero", "por delante de los niños" y sino "montara un pollo".

También agresivo, con constantes expresiones faltas de respeto hacia Lozano y la pequeña, así como hacia ellos mismos. "Con los años ya se hacía imposible hasta ir de vacaciones juntos. Era insoportable", coincidieron en explicar los tres testigos.

Su faceta "controladora" se notaba incluso más en casa. Y es que, la fallecida gustaba de ir a visitar a su hermana, que vivía en el piso de abajo, de manera regular. "Al poco de llegar ya la estaba llamando y ella salía corriendo. Era muy buena, muy noble, nunca contaba sus problemas y agachaba la cabeza porque le tenía miedo", subrayó su hermana, aportando una versión de la historia muy parecida a la de su hijo y su esposo. Además, cuando no la localizaba, A.G.D. les llamaba a ellos mostrándose "alterado".

A mayores, su cuñado dijo que tenía comportamientos "racistas", que solía decir de los inmigrantes que se encontraba en la zona de Hadú, donde trabajaba vigilando el mercado, que eran "unos moros de mierda". "Yo le vi tirar a patadas los cubos de higos chumbos con cuya venta se intentaban ganar la vida los sin papeles que estaban en el exterior del mercado", agregó el hombre. También se le señaló como "admirador de Franco" y de las ideas "fascistas": "Todo lo que no fuera eso para él estaba mal", prosiguieron.

No achacan en ningún caso esta conducta a sus supuestos problemas de salud mental, de los que aseguraron no haber tenido nunca conocimiento. Lo que sí apreciaban era que Lozano "cada vez estaba más triste y apagada", tendencia que se fue agudizando hasta el día de su asesinato.