La borrasca Emilia ya está dejando consecuencias adversas en Ceuta. Desde las cinco de la madrugada, los residentes de los pabellones militares de avenida Otero, del Instituto de Vivienda, Infraestructura y Equipamiento de la Defensa (INVIED) en Ceuta, viven una pesadilla. El agua se cuela sin freno por los techos, resbala por los huecos del cableado eléctrico y deja a las familias a oscuras, sin luz y sin respuestas.
“Es como si se nos viniera el cielo encima”, lamenta uno de los afectados, mientras señala las goteras que convierten su salón en un improvisado aljibe. Cubos, baldes, toallas, nada impide que se les inunde la vivienda.
Obras a medias, vecinos desamparados
El origen del desastre está en unas obras contratadas para reparar las cubiertas de los bloques de la avenida de Otero. La empresa adjudicataria retiró las cubiertas, pero las lluvias llegaron antes de que se colocara ninguna protección. Resultado: techos desnudos y vecinos expuestos.
Las viviendas afectadas se encuentran en el número 2 de la avenida de Nuestra Señora de Otero, portales del 1 al 11, propiedad del Ministerio de Defensa y gestionadas por el INVIED. El contrato fijaba un plazo de seis meses y debía arrancar en julio, pero los trabajos se retrasaron. Hoy, quienes viven en los pisos superiores —especialmente en los sextos— se ven obligados a abandonar sus casas.
“Han venido los bomberos, han intentado subir a la azotea, pero básicamente me han dicho que me vaya de aquí”, denuncia con impotencia otro vecino.
Avisos ignorados
Los residentes aseguran que ya habían advertido del riesgo tras las primeras lluvias fuertes de hace semanas. La empresa les informó de que los bloques estaban “sin cubierta” porque así lo ordenó el INVIED, aunque insistió en que la reparación podía hacerse sin dejar los techos al descubierto. Desde entonces, silencio administrativo: “Ni contestan al teléfono. No hacen absolutamente nada”, reprochan los afectados.
El agua avanza
Lo que comenzó en los pisos más altos ya se extiende hacia abajo. El agua cala paredes y techos de las plantas inferiores, multiplicando la angustia de quienes aún intentan resistir en sus viviendas.
Y lo peor está por venir: las lluvias apenas han empezado.