Bienestar animal | Ciudad Autónoma

"Son familia": la falta de un crematorio de mascotas en Ceuta indigna a los dueños de animales

Una ciudad sin crematorio animal y con el enterramiento prohibido. El testimonio de Julia y su perrita Blondi desata una petición pública por un final digno para los animales en Ceuta

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La muerte de Blondi, una perrita de siete años, ha sacado a la luz una carencia que muchas familias ceutíes sufren en silencio: no hay forma digna de despedirse de un animal en Ceuta. Ni crematorio, ni alternativa.

La muerte de Blondi, una perra mestiza de apenas siete años, ha desatado una oleada de indignación entre vecinos de Ceuta y colectivos animalistas. No solo por la pérdida en sí, sino por el modo en que su familia se vio obligada a despedirla: sin poder enterrarla, sin poder incinerarla, sin opción alguna salvo meterla en una bolsa y entregarla como si fuera un residuo.

Julia, una de sus compañeras de vida junto a Isa, ha canalizado el duelo en una carta abierta que ha comenzado a circular por redes sociales y grupos ciudadanos. En ella, denuncia entre tristeza y rabia la inexistencia de un crematorio para animales de compañía en la ciudad. “Ay, Ceuta, con lo que te quiero y lo que te odio en este momento”, escribe. “Qué injusto tenerte que dejar metida en una bolsa sin poder hacer nada más por ti. Son FAMILIA y se debe estar con ellos hasta tener un final digno”.

El testimonio no ha caído en saco roto. Desde el Movimiento Ciudadano para la Dignidad Animal, la activista Raquel Carmona ha remitido una carta a la consejera de Sanidad y Bienestar Social, Nabila Benzina Pavón, exigiendo medidas urgentes. En el escrito, al que ha tenido acceso Ceuta Actualidad, se recuerda que los familiares de Blondi intentaron trasladarla a la península para su cremación, pero el embarque fue denegado “por motivos de salubridad”. Tampoco pudieron enterrarla, ya que la normativa lo prohíbe. “¿Qué opción queda?”, se pregunta Carmona. “¿Introducirlos en una bolsa y meterlos en un contenedor frigorífico, como si de basura se tratara?”

Un vacío legal e institucional

Actualmente, Ceuta carece de cualquier tipo de instalación que permita a los ciudadanos despedirse de sus mascotas con un mínimo de dignidad. La legislación impide el enterramiento de animales de compañía en terreno no habilitado, y la única alternativa —la cremación— ni está ni se le espera. Las empresas funerarias no ofrecen este servicio, y la Ciudad Autónoma no contempla convenios con centros especializados fuera de la ciudad.

El colectivo animalista propone como solución la creación de un crematorio público o, en su defecto, la firma de convenios que permitan el traslado seguro y regulado de animales fallecidos a instalaciones peninsulares. Reclaman además la habilitación de un espacio conmemorativo, “un lugar donde podamos despedirnos con la misma dignidad con la que ellos nos acompañaron durante su vida”.

La empatía, en el centro del debate

Más allá de la infraestructura, lo que ha aflorado con la historia de Blondi es un debate profundo sobre el lugar que ocupan los animales en las familias ceutíes. “Las mascotas no son residuos”, recalca Carmona. “Son miembros de nuestras familias, parte de nuestra salud emocional, compañeros de vida que merecen respeto incluso después de partir”.

Las redes sociales se han llenado de mensajes de apoyo a Julia y su familia. “Yo pasé por lo mismo con mi gato, y fue desgarrador”, escribe una usuaria. “No tener dónde llevarlo, no saber qué hacer… Es una crueldad más añadida al dolor”.

La pelota está ahora en el tejado de la Consejería de Sanidad. Desde el Movimiento para la Dignidad Animal ya han solicitado una reunión formal. “Estamos dispuestos a colaborar, dialogar o participar en cualquier iniciativa que dé respuesta a esta necesidad tan sentida por la ciudadanía”, concluye la misiva.

Blondi ya no está. Pero su historia ha abierto una herida que Ceuta no puede seguir ignorando.