Campamento rural en Ceuta

Campamento de verano 'Miguel de Luque: donde los niños vuelven a ser niños

En el complejo Miguel de Luque, los niños aprenden a caerse, levantarse y vivir sin filtros. Un campamento que apuesta por la libertad infantil en tiempos de cristal

Campamento de verano Miguel de Luque
photo_camera Niños siendo niños, lejos de la pantallas / S. I.

Cincuenta menores viven una experiencia que les enseña a ser autónomos, a aburrirse sin pantallas y a descubrirse lejos de la sobreprotección.

Sustos con disfraces, periódicos improvisados, chapuzones en la piscina y hasta una noche de cine con palomitas. Cincuenta niños de entre ocho y trece años viven estos días en el complejo rural Miguel de Luque una experiencia que va más allá de las vacaciones: aprender a ser autónomos y a descubrirse lejos de la sobreprotección de casa.

“Queremos que vuelvan a ser niños, que se aburran, que inventen, que hagan trastadas sin pantallas de por medio”, resume José Ángel Riva, uno de los monitores veteranos, con casi veinte años de experiencia en este tipo de convivencias.

Talleres para todos los gustos

La agenda del campamento no da tregua. Por las mañanas, los grupos rotan entre talleres de socorrismo, manualidades, juegos cooperativos o redacción de periódicos murales en los que relatan lo que viven a diario. Por las tardes, la animación sube de nivel con circo, baile, malabares o acroport. Y por la noche, llega el turno de las emociones: de la “noche del terror” a sesiones de cine con clásicos como Coco o El Rey León.

“Todo lo planteamos como un juego. Se trata de que aprendan sin darse cuenta”, explica Riva mientras señala a los pequeños que practican brazadas en la piscina.

Una ratio pensada para cuidar y educar

La organización mantiene un monitor por cada diez niños, reforzada con apoyos puntuales. La idea, apunta Riva, es garantizar la seguridad sin ahogar la autonomía. “A veces los padres no lo entienden, pero hay que dejar que se caigan, que lloren, que se levanten solos. Esa es la enseñanza que recordarán cuando sean mayores”, defiende.

Niños de cristal y pantallas

El monitor lanza también una advertencia sobre lo que observa cada año: “Estamos haciendo niños de cristal”. Según explica, muchos llegan sin haber dormido nunca fuera de casa y con dificultades para relacionarse sin móvil en la mano. “Con TikTok están perdidos. Si les quitas la pantalla, no saben qué hacer. Aquí vuelven a inventar”, sostiene.

La contradicción, añade, está en la crianza: padres muy protectores en lo físico, pero permisivos con las redes sociales. “No saben lo que hay detrás de una foto en bañador colgada en Instagram. Si lo supieran, no lo permitirían”, advierte.

Una experiencia que deja huella

Los organizadores insisten en que el verdadero objetivo no son solo unos días de ocio, sino un aprendizaje que se alarga en el tiempo. “Cuando pasan los años, nos encontramos con antiguos participantes que aún recuerdan las lecciones y las aventuras. Eso nos dice que estamos sembrando algo que merece la pena”, concluye Riva.