La segunda agrupación de la noche llegó con la frescura que solo da la cantera: la chirigota juvenil “Los pequeños sherpas del túnel del Chorrillo”. Y sí, venían tal cual su nombre promete: cargados como si fueran a pasar un domingo entero en la playa, sombrilla incluida. Tercera participación ya, y se nota que el grupo va cogiendo tablas… y desparpajo.
Abrieron con un pasodoble que más de un adulto debería escuchar con libreta en mano. Estos niños, sin pelos en la lengua, cantaron sobre los malos modos en el deporte base, sobre esos padres que desde la grada se transforman en ultras de Champions para insultar al árbitro. Una letra necesaria, directa y sin dramatismos, como solo la inocencia sabe decir las cosas.
En la segunda letra, tiraron de ironía para defender que los jóvenes sí quieren aprender, pero que si están pegados al móvil es “porque me lo diste tú para que no molestara”. Una bofetada cariñosa a la incoherencia adulta, envuelta en compás de 3x4.
La tanda de cuplés vino con retranca familiar. Primero, la madre, que se ha apuntado al gimnasio con más entusiasmo que constancia. Después, el padre, que también quiere probar el crossfit para controlar “los kilos de más”. El público, encantado, porque nada hace más gracia que verse reflejado.
La chirigota lleva la firma de Francisco Javier Pino y Belén Pino y lo tienen claro: crear cantera y mantener vivas las tradiciones de la ciudad. Viendo lo de esta noche, misión cumplida… y en expansión.
El popurrí fue un desfile de ocurrencias sobre nuestras playas, nuestras costumbres y ese “lo nuestro” que tanto defendemos cuando llega febrero. Risas, complicidad y un público entregado que terminó poniéndose en pie para despedir a los sherpas como se merecen.
Afinados, con ganas y con ilusión. Los pequeños sherpas del túnel del Chorrillo demostraron que el Carnaval de Ceuta tiene futuro, y que ese futuro viene con mochila, toalla, bocadillo… y mucha guasa.