Hay ayudas que no ayudan. Y hay intervenciones que, bajo apariencia de respaldo, parecen responder más a intereses propios que a una voluntad real de construir.
Eso es lo que deja entrever en un artículo de opinión remitido a varios medios de comunicación que, lejos de fortalecer a Miguel Ángel Pérez Triano, podría colocarle —según quien lo interprete— en una posición incómoda: la de quien recibe un “apoyo” poco oportuno y, sobre todo, poco útil para esta etapa.
Porque aquí no se discuten trayectorias. Se discute la capacidad de leer el presente. Y ahí es donde el discurso se queda corto.
Hay quien pretende proyectar una autoridad ideológica que funciona como si existiera una única vara de medir para definir qué es ser socialista y quién puede interpretarlo. Esa carrera por demostrar quién encarna mejor la esencia del partido no solo suena antigua, sino que divide. En lugar de construir, fragmenta.
El socialismo no necesita guardianes de pureza. Necesita eficacia. Y, sobre todo, necesita entender que los tiempos han cambiado. Defender un ideario es legítimo y necesario; convertirlo en una bandera rígida que impida avanzar, no. Cuando el discurso se ancla en el pasado, deja de servir al presente, y mucho menos valida de cara a un futuro que está a poco más de un año.
En ese contexto, la crítica a Susi Iñesta tampoco es casual. No hay un debate real sobre su análisis, sino una descalificación de fondo, como si solo existiera una verdad válida: la que algunos pretenden imponer desde posiciones ya superadas.
Y eso, además de injusto, es revelador. Porque cuando incomoda el análisis, lo que está en cuestión no es quien lo firma, sino lo que muestra.
Pero hay algo aún más relevante: el foco. En política, o se visualiza al candidato o el proyecto se diluye. Y ahora mismo, el PSOE en Ceuta necesita exactamente eso: claridad, liderazgo reconocible y un mensaje centrado. Sin ruido, sin tutelas y sin interferencias.
En política hay perfiles que aspiran a ser guía, referencia, incluso faro moral. Pero no siempre pasan de ahí. Y a veces, quienes quisieron ser “cura” del socialismo terminan quedándose en monaguillo de su propia etapa. En ese contexto, el protagonismo es únicamente de Pérez Triano, no de quienes compusieron un partido en su día y no lograron consolidarlo. Reeditar fórmulas pasadas no funciona, y menos aún sabiendo que no funcionaron ni en su momento.
Cuando el protagonismo se desplaza hacia quienes ya fueron, la idea principal desaparece del mapa. Y sin un mensaje claro, no hay proyecto posible.
Conviene recordar, además, de dónde se viene. El PSOE no gobierna la ciudad desde los tiempos de Fructuoso Miaja. Desde entonces, ha habido intentos de reconstrucción, pero también errores. Y en ese balance, algunos de los que hoy opinan tuvieron responsabilidad directa.
Por eso sorprende —o quizá no tanto— este intento de “ayudar” a Pérez Triano desde una posición que se parece más a la tutela interesada que al respaldo sincero.
El actual secretario general tiene por delante un reto complejo: construir algo creíble, reconocible y útil. Y eso exige marcar distancias con dinámicas que ni en su momento funcionaron. Porque no todo suma. Y algunos apoyos, claramente, restan.
Ahora toca otra cosa. Toca remar. Toca hacer política útil para los ciudadanos. Y si no se tiene el poder, no pasa nada: se tienden puentes con quien sí lo tiene. Gobernar también es proponer, influir y demostrar que hay alternativas. Y, sobre todo, evitar que alguien pueda decir que no se ofrecieron.
Ahí se mide la política de verdad. No en las palabras sobre el papel. En los hechos.