Elecciones 2019

Los de Juan Vivas han incorporado a sus preocupaciones la necesidad de alentar un voto útil que evite la victoria del PSOE EL 28-A

El Partido Popular da clases de D'Hondt

Los candidatos del PP posan durante el acto de inicio de campaña (C.A.)
photo_camera Los candidatos del PP posan durante el acto de inicio de campaña (C.A.)

El PP ceutí, ya sin disimulo, ha recurrido a la estrategia de advertir de que el voto a Ciudadanos y, particularmente, a Vox podría propiciar una victoria del PSOE. Los populares se preocupan, por primera vez en su historia, del "voto útil".

La invocación del voto útil fue durante años, hasta la irrupción en la escena política de Ciudadanos y, más tarde, Vox, patrimonio de los partidos de izquierda. La fragmentación del voto progresista obligaba al PSOE, fuerza mayoritaria en el ámbito de la izquierda, a reclamar el apoyo que le permitiría competir con el PP, fuerza conservadora hegemónica. Pero los tiempos han cambiado.

En estas elecciones, los socialistas continúan reclamando para sí el voto de la izquierda para evitar un futuro pacto de gobierno entre los tres partidos de la derecha y la extrema derecha. Pero ahora es el PP el que, ya sin disimulo, ha recurrido a la estrategia de advertir de que el voto a Ciudadanos y, particularmente, a Vox podría propiciar una victoria del PSOE.

Este escenario resulta evidente en Ceuta, donde las candidaturas compiten por un solo escaño en el Congreso. Los populares ceutíes se han visto obligados a introducir en su campaña la reivindicación del voto útil por temor a que la división de la derecha acabe convirtiendo en diputado al candidato del PSOE. Un voto útil que se trufa con la incitación al “voto del miedo”: si los socialistas ganan se confirmará en España un gobierno integrado por ““los comunistas, el populismo, los separatistas y los amigos de la ETA”, según defendía este mismo fin de semana el presidente del PP ceutí, Juan Vivas.

Ayer mismo, el PP distribuía entre los medios un comunicado que, en realidad, era una clase teórica de la Ley D’Hondt, el sistema empleado en España para el reparto de escaños en las cámaras en función de los votos obtenidos en las urnas. El texto, encabezado por el revelador título de “La utilidad del voto”, pone de manifiesto cómo las preocupaciones de los populares han cambiado.

El temor del PP ceutí está justificado. Los resultados de las elecciones generales de 2016, en las que el candidato popular, Juan Bravo, resultó ser el más votado de España, no se repetirán. Entonces, Bravo obtuvo 15.991 votos –el 51,8% de los votos- frente a los 6.974 de la socialista Susana Pulido.

La aparición en escena de Vox, que lucha por el mismo electorado de los populares gracias, también, al escoramiento del partido de Pablo Casado hacia posiciones cercanas a la derecha más radical, ha cambiado el panorama. El PP hace cuentas y teme que puedan no salirle.

Una sangría de sus votos hacia la extrema derecha podría situar al partido de Santiago Abascal al borde de conseguir el diputado al Congreso. Pero el resultado de esta pérdida de apoyos podría tener otra consecuencia: abrir la posibilidad de que el PSOE, por primera vez desde 1989, sentara a uno de los suyos en la Cámara Baja.

Además, existe otro factor a considerar. La participación en las elecciones de 2016 superó por apenas 7 décimas el 50%. Los expertos auguran un incremento del número de votos en las urnas, lo que introduce un nuevo factor de incertidumbre: ¿Qué partido se beneficiará de ese aumento en la participación?

Vox también se muestra partidario de evitar la fragmentación del voto de la derecha, riesgo que, según su natural juicio, se exorciza votando a su candidato.

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ya puso de manifiesto en su último macrobarómetro previo a las elecciones la incertidumbre del desenlace. Su horquilla de resultados estaba lejos de ser esclarecedora: PP, 0-1 diputados; PSOE, 0-1 diputados; Vox, 0-1 diputados.

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