Ramírez reconoce que la incineradora animal es “muy necesaria” y asegura que se está trabajando en su puesta en marcha

El Gobierno local afirma que lleva meses trabajando en la búsqueda de una solución para ofrecer un servicio funerario animal en Ceuta. La polémica se ha reavivado tras la viralización del testimonio de una vecina que trasladó a su perra fallecida en una nevera hasta la península

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El Gobierno de Ceuta asegura que se encuentra en contacto con varias empresas y posibles promotores para poner en marcha una incineradora animal en la ciudad. Así lo ha confirmado este lunes el portavoz del Ejecutivo local, Alejandro Ramírez, quien ha subrayado que la Consejería de Sanidad “lleva meses trabajando” en esta iniciativa, considerada por él mismo como “muy necesaria”.

“Hay contacto de cara a buscar un espacio idóneo para este tipo de instalación”, ha señalado Ramírez, en respuesta a la creciente presión ciudadana para resolver una demanda que se arrastra desde hace años: contar con un lugar donde despedirse dignamente de las mascotas fallecidas.

El debate ha vuelto con fuerza tras la publicación de un video en redes sociales en el que una vecina de Ceuta relataba entre lágrimas cómo se vio obligada a comprar una nevera de playa para trasladar el cuerpo de su perra Luna hasta la península y poder incinerarla allí. El testimonio, que se ha hecho viral, ha servido como detonante para que se retome una reivindicación histórica que, hasta la fecha, no ha encontrado respuesta definitiva por parte de la administración.

La problemática no es nueva. En abril de 2023, el Pleno de la Asamblea aprobó una propuesta de Vox, transaccionada por el Partido Popular, para “promover las actuaciones necesarias” e “iniciar los trámites oportunos” de cara a la creación de un horno crematorio para mascotas. La iniciativa incluía también campañas informativas para orientar a la ciudadanía sobre los pasos a seguir en caso de fallecimiento de un animal de compañía.

Sin embargo, la consejera de Sanidad y Servicios Sociales, Nabila Benzina, alegó por entonces que la normativa vigente dificulta la construcción de este tipo de instalaciones. La ley establece una distancia mínima de 1.500 metros entre cementerios de animales y núcleos urbanos, una exigencia difícil de cumplir en un territorio como Ceuta, donde el suelo es escaso.

Desde entonces, el proyecto quedó paralizado. Ahora, con la presión ciudadana renovada y la sensibilidad creciente hacia los derechos de los animales, el Gobierno vuelve a reactivar el discurso y asegura estar trabajando en la búsqueda de soluciones.

Mientras tanto, Ceuta sigue sin ofrecer alternativas dignas para despedir a los animales de compañía, obligando a muchos ciudadanos a afrontar el duelo en condiciones precarias y con un sentimiento de abandono institucional que se repite tras cada pérdida.