La detención de Es Satty en Ceuta: el inicio de un camino hacia el terror

Ceuta fue uno de los puntos de partida en el historial delictivo de Abdelbaki Es Satty, quien en 2010 fue detenido con 136 kilos de hachís. Años después, se convertiría en el líder de una célula yihadista responsable de los ataques de Barcelona y Cambrils. Ahora se ha conocido que el CNI descartó al imán como confidente

Es Satty
photo_camera Es Satty fue el líder de una célula yihadista responsable de los ataques de Barcelona y Cambrils

Abdelbaki Es Satty, conocido como el imán de Ripoll, fue detenido el 1 de enero de 2010 en el puerto de Ceuta cuando intentaba embarcar hacia Algeciras con más de 136 kilos de hachís ocultos en su vehículo. Ya era un viejo conocido de la policía, dado que en 2002 fue detenido por un delito de tráfico de personas, en el Estrecho de Gibraltar

En 2012, Es Satty fue condenado a cuatro años y un mes de prisión por tráfico de drogas, pena que cumplió en la prisión de Castellón. Cinco años después, en agosto de 2017, murió en una explosión accidental en una vivienda de Alcanar, mientras la célula que lideraba preparaba explosivos para cometer atentados terroristas. Es Satty desempeñó un papel clave en la radicalización de jóvenes y en la formación de la célula yihadista responsable de los ataques de Barcelona y Cambrils en agosto de 2017.

Durante su estancia en prisión, en 2014, agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) lo visitaron con la intención de evaluar su posible reclutamiento como confidente en materia de terrorismo yihadista. Sin embargo, tras tres entrevistas, el CNI lo descartó por considerarlo una persona con "tendencia al engaño" y falta de fiabilidad. Aunque se le proporcionó un teléfono para que pudiera aportar información relevante tras su liberación, Es Satty no cumplió con las expectativas.

Tras su salida de prisión en 2014, logró evitar su deportación alegando que esta violaría sus derechos humanos, lo que le permitió permanecer en España. Posteriormente, se trasladó a Ripoll, donde asumió el cargo de imán en 2015. Ahora, documentos desclasificados han revelado detalles sobre las interacciones entre Es Satty y el CNI antes de su implicación en los atentados de 2017.

Según las actas de las visitas realizadas por el CNI en 2014 mientras cumplía condena en la prisión de Castellón, Es Satty fue investigado en el marco de la Operación Chacal, iniciada en 2006, por su vínculo con jóvenes radicalizados de Vilanova i la Geltrú (Barcelona). El objetivo era determinar si representaba un riesgo para la seguridad nacional y, en caso contrario, evaluar su posible reclutamiento como fuente. Para ello, se llevaron a cabo tres entrevistas en marzo y abril de 2014.

Como parte del proceso, se le solicitó que escribiera una carta sobre sus recuerdos de su etapa como imán suplente en Vilanova i la Geltrú. Los expertos concluyeron que Es Satty poseía una alta inteligencia, una memoria destacada y una notable capacidad de manipulación, pero también una marcada "tendencia a la insinceridad". Según el informe psicografológico, si Es Satty afirmaba no recordar algún dato importante, era probable que estuviera mintiendo.

En una comparecencia secreta en 2018 ante la comisión de secretos oficiales del Congreso, el entonces director del CNI, Félix Sanz Roldán, explicó que la propensión de Es Satty a la mentira y su incapacidad para seguir directrices lo hacían inadecuado como colaborador. Por ello, se optó por mantenerlo bajo vigilancia durante siete meses, periodo en el que no se detectaron signos de radicalización activa. Durante este tiempo, Es Satty contactó esporádicamente con el CNI, pero nunca aportó información relevante. Finalmente, a finales de 2014, se suspendió el seguimiento y los recursos se destinaron a otras prioridades.

En febrero de 2015, Es Satty se trasladó a Ripoll, donde asumió el liderazgo religioso de la mezquita local y fue clave en la creación de la célula yihadista que perpetró los atentados de agosto de 2017. Tras los ataques, el director del CNI defendió el trabajo de sus agentes y calificó de "especialmente vil" cualquier insinuación de que la agencia permitiera los atentados, algo que, según él, habría constituido un "gravísimo crimen". Además, subrayó que los atentados llevaron a una revisión de los parámetros utilizados hasta entonces para evaluar la radicalización, dado que la célula presentaba características organizativas y de composición inéditas.