La tuberculosis, esa vieja conocida que muchos daban por casi olvidada, vuelve a reclamar atención. Los últimos datos del Instituto de Salud Carlos III confirman que en 2024 se notificaron 4.270 casos autóctonos, un 8,3% más que el año anterior, según recoge el informe oficial: “En 2024 se notificaron 4.270 casos autóctonos de tuberculosis, un 8,3% más que el año previo”.
El repunte no es exclusivo de España. La OMS ya avisó en su Informe Mundial de la Tuberculosis 2025 de que, aunque a nivel global los casos bajaron un 2%, Europa va por libre: la pandemia dejó un hueco por el que la transmisión ha vuelto a colarse. En nuestro país, la tasa se sitúa en 8,8 casos por cada 100.000 habitantes, todavía por debajo de los niveles de 2015, pero con una tendencia ascendente desde 2021.
El perfil de los nuevos diagnósticos también está cambiando. El documento señala que el incremento es especialmente notable en menores de 15 años y en personas nacidas fuera de España: “El incremento en la tasa de notificación fue mayor en población menor de 15 años y en personas nacidas en otro país”. Un giro que complica el seguimiento y obliga a replantear estrategias.
Un rompecabezas que exige coordinación
Sanidad reconoce que el manejo de la enfermedad se está volviendo más complejo, y no solo por los números. Los patrones de vulnerabilidad cambian, los casos se dispersan y el seguimiento se hace cuesta arriba. Por eso, el Ministerio trabaja ya en actualizar el Plan de Prevención y Control de la Tuberculosis 2026-2030, con la vista puesta en un objetivo ambicioso: que la TB deje de ser un problema de salud pública antes de 2030.
Para ello, se ha activado una estructura de coordinación que mezcla administraciones, sociedades científicas y organizaciones sociales. Un engranaje amplio que va desde comités institucionales hasta entidades como SEPAR, SEIMC o Cruz Roja, con acciones que van desde la formación de profesionales hasta campañas de sensibilización.
Una enfermedad antigua que sigue pidiendo sitio
La tuberculosis es prevenible y curable, pero sigue siendo —y esto sorprende a muchos— la principal causa de muerte en el mundo por un único agente infeccioso. En un contexto en el que otras urgencias sanitarias ocupan titulares, la TB recuerda que sigue ahí, silenciosa pero persistente.
España no vive una situación alarmante, pero sí un aviso. Los datos muestran que la enfermedad no entiende de nostalgias: cuando se baja la guardia, vuelve. Y lo hace en un momento en el que los sistemas sanitarios aún arrastran las secuelas de la pandemia.
El reto ahora es doble: frenar la tendencia ascendente y evitar que la tuberculosis recupere un protagonismo que nadie quiere devolverle.