Meses de investigación, entradas, registros, 250 efectivos de la Policía Nacional con varias unidades implicadas, con drones y un helicóptero: esta es la radiografía de la Operación Ares contra el narcotráfico que ha sacudido Ceuta y varios puntos de la Península que no nació de un chivatazo ni de un golpe de suerte. Fue el resultado de trece meses de trabajo silencioso, casi artesanal, de la UDYCO. Un año entero de vigilancias, escuchas, seguimientos y paciencia. Mucha paciencia. Todo bajo secreto de sumario para que nada se torciera antes de tiempo.
El pasado viernes 27 de marzo, ese trabajo explotó en forma de un despliegue policial que se extendió por la ciudad, el sur peninsular y Galicia. Y ahora, tras las entradas y registros, el magistrado del Juzgado número 3 ha enviado a 14 de los 20 detenidos a prisión provisional.
Una red que funcionaba como una empresa clandestina
Los investigadores tenían claro desde el principio que no estaban ante un grupo improvisado. La organización tenía jerarquía, roles definidos y una estructura que recordaba más a una empresa que a un clan familiar: captación, almacenaje, preparación, transporte y distribución. Cada pieza sabía qué hacer y cuándo hacerlo.
Los principales implicados —identificados en la causa solo por iniciales— coordinaban un sistema que se movía con discreción, pero con una eficacia que llamó la atención desde los primeros seguimientos.
Abril de 2025: cuando algo empezó a no cuadrar
Todo arrancó en Arcos Quebrados. Movimientos extraños, vehículos entrando y saliendo a deshoras, bolsas de gran tamaño trasladadas con demasiada frecuencia y vigías apostados en esquinas que no solían tener vigilancia vecinal. Lo que parecía un episodio aislado empezó a repetirse. Y cuando un patrón se repite, la Policía tira del hilo.
Contravigilancia, motos lanzadera y guarderías encadenadas
A medida que avanzaba la investigación, los agentes se toparon con maniobras propias de redes profesionales: motos que abrían camino, coches que cambiaban posiciones para despistar, rutas alteradas sobre la marcha y relevos constantes para evitar ser seguidos.
Uno de esos trayectos llevó a un segundo inmueble. Allí se descargaba la mercancía y se preparaba para su salida. Era la confirmación de que la red operaba con varias guarderías conectadas entre sí.
Las escuchas telefónicas terminaron de dibujar el mapa: conversaciones en clave, ruidos de máquinas de envasado al vacío y una coordinación que no dejaba lugar a dudas.
El incendio que aceleró todo
El punto de inflexión llegó con un incendio en una vivienda vigilada, en la barriada de Príncipe Alfonso. Los agentes entraron para auxiliar y se encontraron con hachís en varias habitaciones, bolsas ocultas y droga escondida incluso en electrodomésticos. Aquello ya no era un indicio: era una evidencia.
En el registro principal, los agentes encontraron 510 kilos de hachís repartidos en 40 bolsas, ocultos en distintas plantas, en congeladores, en un arcón y hasta en la azotea. Ese mismo día, uno de los investigados viajó a la Península para reunirse con otros miembros del entramado, utilizando mensajería encriptada.
El día D: 250 agentes, drones y helicóptero
La fase final, este pasado viernes, movilizó a más de 250 policías nacionales. Un despliegue poco habitual en Ceuta: drones, un helicóptero, unidades especializadas y un operativo que se extendió por barrios como el Príncipe, Arcos Quebrados o la zona del Pantano.
Se practicaron 30 registros en viviendas, garajes, fincas, locales y naves. El Ministerio del Interior la considera una de las operaciones más importantes contra el narcotráfico en los últimos años.
Entre lo intervenido:
- 1,5 millones de euros en efectivo
- 66 equipos de comunicación
- Documentación y dispositivos electrónicos
- Material logístico para el transporte y preparación de la droga
El hallazgo que nadie esperaba: otro narcotúnel en el Tarajal
Uno de los registros más llamativos se produjo en una nave del Tarajal. Allí, la Policía localizó un narcotúnel con montacargas, más sofisticado que el descubierto en la Operación Hades. Un hallazgo que ha obligado a intervenir a la Unidad de Subsuelo y que requerirá coordinación con Marruecos a través de la Audiencia Nacional.
La estructura podría extenderse más allá de la nave. Y eso abre una nueva línea de investigación.
La red no solo operaba en Ceuta: tenía ramificaciones en Andalucía, Galicia y Marruecos. Y un objetivo claro: mover droga hacia el mercado peninsular y, especialmente, hacia Francia.
A ello se suma otro decomiso vinculado a la trama: 15 toneladas de hachís interceptadas en un camión procedente de Marruecos en el puerto de Almería.
Una causa que puede acabar en la Audiencia Nacional
Dado que la investigación afecta a varios territorios y presenta conexiones internacionales, no se descarta que el Juzgado número 3 se inhiba en favor de la Audiencia Nacional, que asumiría la causa para unificar las diligencias.
Un golpe que marca un antes y un después
La operación deja al descubierto una red sólida, con recursos, logística y capacidad para mover toneladas de hachís. Lo que empezó con un movimiento sospechoso en un barrio terminó destapando una estructura criminal de gran alcance.
Y aunque la fase operativa ha sido contundente, la investigación continúa. Aún quedan piezas por encajar.