Que el CETI no vive su mejor momento no es ninguna novedad. Pero lo que está ocurriendo en sus cocinas ya roza lo insostenible, dadas las denuncias de los trabajadores del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes. Desde que empezó el verano, el personal de catering —los que dan de comer cada día a cientos de personas— trabaja en condiciones que rozan lo inhumano: calor asfixiante, extractor de humos roto, sin aire acondicionado y con menos manos de las necesarias para atender a un centro que ya va muy por encima de su capacidad.
UGT puso voz al hartazgo la semana pasada y anunció una parada simbólica para este jueves. A última hora, la protesta se ha desconvocado. ¿Por qué? Porque justo han comenzado a mover ficha: ayer empezaron a reparar el motor de la campana y el aire.
Pero no nos engañemos. Los problemas siguen ahí. El calor no se ha ido, la plantilla sigue corta y la presión no deja de subir.
“Esto es un infierno”, dicen los trabajadores. Y no es una forma de hablar. Las cocinas del CETI se han convertido en una trampa de calor diaria. Lo denunció alto y claro Ramón Sánchez, secretario general de UGT en Servicios, Movilidad y Consumo, exigiendo medidas urgentes tanto a la dirección del centro como a la empresa concesionaria.
Hoy no ha habido plante, pero la tensión no ha bajado. Porque cuando uno se quema todos los días en su puesto de trabajo, lo último que espera es que le tomen el pelo. Una situación que agrava aún más la de su director, Antonio Bautista, en la cuerda floja, con su cese a la vuelta de la esquina.
Hace unos días una trabajadora del propio CETI denunciaba una agresión sexual por parte de unos de los residentes del centro. El presunto agresor, un joven de 20 años natural de Guinea Conakry, llevaba apenas diez días en la ciudad autónoma tras haber resultado herido al intentar saltar la valla fronteriza entre Marruecos y España. Tras recibir atención médica en el Hospital Universitario de Ceuta, fue trasladado al CETI con un tratamiento farmacológico prescrito.
La agresión se produjo en el área sanitaria del centro, donde la víctima desempeñaba su labor asistencial. Según su testimonio, tras el ataque alertó de inmediato al personal de seguridad; sin embargo, la dirección del CETI no activó ningún protocolo ni adoptó medidas preventivas. Ante esta inacción, la enfermera decidió contactar directamente con la Policía Nacional, cuyos agentes acudieron al recinto, detuvieron al joven y formalizaron la denuncia correspondiente.
La propia Delegación del Gobierno en Ceuta, tras varias quejas de sindicatos y partidos, ha remitido a la Secretaría de Estado de Migraciones toda la información relativa a la agresión sexual. Un hecho que ya está en manos del Ejecutivo Central a la espera de una valoración de los hechos.



