El Consejo de Administración del Hotel Puerta de África se ha reunido este viernes con la aprobación de los pliegos que han de regir el concurso para la subasta de su gestión durante los próximos 30 años en el orden del día. Después de decir que los pliegos estarían en uno o dos meses en 2022 y de haber manejado hipótesis para su futura gestión que contemplaban la creación de una escuela de hotelería, será la fórmula de una subasta casi pura la que saldrá adelante. Se certifica así lo que la oposición de todos los colores se cansó de vocear en notas de prensa y en el Pleno, y lo que los números en realidad indicaban: el hotel estaba y está quebrado. Ni la competencia desleal que practicaba lo ha salvado. Si ya es difícil hacer funcionar un establecimiento hotelero en una ciudad con un mercado turístico menguante -así lo constatan los propios Presupuestos Generales de la Ciudad para 2025-, no parecía más fácil desde lo público. Pero antes de llegar aquí, el Gobierno de la Ciudad, en ocasiones con el apoyo de otras fuerzas políticas, ha echado al hotel la friolera de más de 7,5 millones de euros en un lustro.
En el informe de la Gerencia que consta en el cierre de las cuentas de 2023, el año en el que ardió -todavía no se ha recuperado del todo de los estragos del fuego-, se señala que el curso iba bien hasta ese fatídico 2 de septiembre, si bien se reconoce que aún sin el incendio la explotación del negocio se hubiera quedado aún lejos de los resultados de 2019, cuando se alcanzaron los 2,5 millones de euros de facturación. Pero por más que ese fuera el objetivo a alcanzar, en 2019 fue precisamente cuando la sociedad pública Puerta de África empezó a pedir dinero a su único accionista, la Ciudad, para sobrevivir. Es decir tampoco era rentable entonces. Luego vino la pandemia y todo fue a mucho peor.
La realidad es que en 2018, el hotel pidió su primer rescate a la Ciudad. A modo de préstamo recibió 27.000 euros en agosto y otros 150.000 en octubre y 70.000 euros más en noviembre. Era 2018. Y la cosa no mejoró en 2019. En agosto de nuevo hicieron falta otros 60.000 euros de préstamo y mediante una modificación de crédito se inyectaron directamente 200.000 euros más en septiembre. En poco más de un año 507.000 euros en préstamos desde la Ciudad al hotel que ya tenía contraída deuda por el mismo concepto con Procesa por 624.855,55 euros de otro préstamo para posibilitar la gestión propia una vez salió Meliá de la gestión.
Las ventas de 2019 eran tan insuficientes para mantener a flote el hotel (y fue el mejor de los últimos 5 ejercicios) que a finales de ese año, el Gobierno de la Ciudad optó por consignar en los Presupuestos Generales de la Ciudad para 2020 una transferencia de un millón de euros. Era sólo el principio.
Los empresarios del gremio de hostelería y hotelería de la Ciudad hicieron saber entonces al Gobierno que no veían con buenos ojos lo que entendían como una competencia desleal. La Ley prohíbe de forma expresa que desde lo público se inyecte dinero y se financien actividades económicas que compiten en un mercado libre. Tal es el caso del hotel que es la única sociedad de todo el entramado de sociedades, organismos autónomos, fundaciones y consorcios que se considera que tiene actividad económica real y es “sociedad no financiera”. Su presupuesto no consolida en las cuentas de la Ciudad.
Desde entonces se buscó otra fórmula para inyectar dinero al hotel y permitirle subsistir: pagar a los proveedores y a la plantilla, que lejos de ser extensa, requería de refuerzos si había actividad y llegaban los huéspedes.
Comenzaron entonces las ampliaciones de capital. Para cuando terminó 2020, la Ciudad había rescatado al hotel con más de 1,7 millones de euros, según denunció MDyC. Era más dinero que lo que se había destinado a ayudas por la pandemia a todo el sector hotelero y hostelero de Ceuta de forma conjunta.
Y la cosa siguió con partidas en cada presupuesto y en cada modificación de crédito veraniega. Inyección a inyección, todavía en octubre de 2021 se aprobaba un nuevo préstamo de 300.000 euros. Y poco a poco el habitual millón en los presupuestos acabó convirtiéndose en 2 millones. En 2022 los Presupuestos recogieron 750.000 euros, pero después en agosto llegaban otros 750.000 euros, vía modificación de créditos. Y cada vez las ampliaciones de capital en base a esas partidas se materializaban antes. En 2023, en abril. En 2024 directamente se consignaron 2 millones de euros para ampliar capital en los presupuestos y otros 780.000 euros para mejoras relacionadas con el incendio.
Así en el informe de auditoría de las últimas cuentas cerradas, las de 2023 se recoge que el capital social escriturado por la Ciudad en la sociedad asciende a 6,5 millones de euros. Una cantidad a la que habría que sumar los 1,3 de los 2 millones que se presupuestaron para 2024 (habían consumido 700.000 euros a modo de adelanto durante el propio 2023). 7,8 millones de capital social varias ampliaciones después. En 2018, el mismo informe de cierre de cuentas fijaba ese capital social en 2,3 millones. A esos 5,5 millones habría que sumar aún el dinero que la Ciudad y Procesa fueron prestando durante 2018, 2019 y parte de 2020. La cifra rebasa los 7 millones de euros.
Y ni con esas ha encontrado salvación el hotel y su restaurante. Este viernes, el Consejo de Administración ha aprobado sacar a concurso la gestión de la instalación durante 30 años. Y lo hace con unos números que en realidad apuntan más a enquistar la ruina y llevar a la quiebra a quien se lo quede que a solucionar el problema, permitiendo o dando facilidades para que la ciudad cuente con otra instalación hotelera, que se antoja imprescindible si se quiere apostar de verdad por generar mercado turístico.
El consejero y máximo responsable del hotel, Nicola Cecchi, al anunciar el concurso ha mostrado su convencimiento en que la instalación puede ser rentable. Los hechos en realidad dicen lo contrario, año a año, pero también con el capítulo final del concurso. ¿Si puede ser rentable por qué externalizarlo?