El indulto del Medinaceli: una tradición del siglo XVIII que aún marca la Semana Santa de Ceuta

La hermandad del Medinaceli mantiene vivo un privilegio concedido por Carlos III hace más de dos siglos: liberar a un preso cada Semana Santa. Una tradición histórica que Ceuta sigue celebrando con la misma fuerza

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photo_camera Acto de liberación por el Señor de Ceuta / Archivo

Hay tradiciones que sobreviven porque siguen diciendo algo, incluso siglos después. La del indulto a un preso del Medinaceli es una de esas escenas que Ceuta repite cada año sin que pierda fuerza: un preso recupera la libertad en mitad de un traslado procesional, entre vecinos, fieles y una mezcla de emoción y curiosidad difícil de describir.

La historia viene de lejos —del siglo XVIII, de un gesto del rey Carlos III tras un episodio ocurrido en Málaga—, pero aquí, en Ceuta, tiene nombre propio: la hermandad de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado y María Santísima de los Dolores, la del Medinaceli. Es la encargada de pedir y ejecutar el indulto, aunque el proceso tiene poco de improvisado y nada de milagroso. Hay papeles, requisitos y un Ministerio de Justicia que decide si sí o si no.

Primero, la hermandad comunica su intención de liberar a un preso. Después llega la criba: buena conducta, delitos sin violencia, condena casi cumplida… Una lista que viaja a Madrid para que Justicia dé el visto bueno. Solo entonces la tradición puede seguir adelante.

Este año, el indulto tiene nombre y apellido —o al menos iniciales—: F.J.G.R., ceutí, 45 años, condenado por un delito contra la salud pública. Le quedaba poco más de un año para salir definitivamente, pero su evolución en prisión ha pesado más: trabajo constante, permisos sin incidentes y un informe favorable de Instituciones Penitenciarias. Gracias al indulto, pasará a libertad condicional bajo tutela de la hermandad.

La escena se vivirá este sábado, durante el traslado desde San Ildefonso hasta la Casa de Hermandad. Un recorrido que cada año reúne a cientos de personas desde el Príncipe hasta el Sardinero. Como siempre, habrá una parada clave: el acuartelamiento González Tablas. Aunque el escenario ha ido variando durante casi dos siglos, este sábado, ante la directora de la prisión, Nonia Velázquez, y otras autoridades, se hará efectiva la liberación.

Pero esta vez hay un detalle que rompe el guion habitual. El indultado no llevará capucha. No quiere ocultarse. Ha pedido mostrar su rostro desde que cruce la puerta del Centro Penitenciario de Fuerte Mendizábal hasta que llegue a la Casa de Hermandad. Quiere que se le vea. Que la ciudad sepa quién es el hombre que vuelve a empezar.