Editorial

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¿Quién controla a José Luis Fernández Medina?

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photo_camera Fernández Medina, en primer plano (ARCHIVO)

Nunca había pasado. Antes de la pandemia los periodistas habíamos podido movernos por el embolsamiento sin necesidad de un visado especial de ningún cargo devenido en virrey de la opacidad.

Es en los pequeños detalles en los que habita el diablo. Y a veces esos pequeños detalles sirven para delatar a un asesino y resolver un caso o para arrojar el perfil oculto de una persona. ¿Quién es José Luis Fernández Medina? ¿Qué méritos ha ido acumulando para gobernar una de las sociedades municipales con mayores atribuciones en sus competencias? ¿Quién le supervisa? Y otra más, ¿quien le supervisa lo está haciendo de verdad o falta rigor en las riendas y ha acabado por creerse mucho más de lo que es y libre de toda atadura para hacer bajo sus dominios -públicos hay que subrayar- lo que considere oportuno?

José Luis Fernández Medina es el gerente de la sociedad municipal AMGEVICESA, y este 2022 gestiona un presupuesto de 10,5 millones de los que casi 9 son en realidad para pagar trabajadores, aunque en la memoria presupuestaria de la sociedad ni tan siquiera esté detallado el número de efectivos con el que cuenta en plantilla o cuántos hay en cada servicio.

Es su sello, cuanta menos información se dé, mejor.

El pequeño detalle que lo ha delatado ha ocurrido este viernes. “Bajo su responsabilidad” y parece que sólo bajo su voluntad, sin que nadie más haya podido evitarlo, Fernández Medina ha decidido ejercer su poder como máximo responsable de esa empresa municipal para impedir el acceso a periodistas, un redactor y un cámara, al embolsamiento de vehículos de Loma Colmenar que ordena y controla su empresa (aquí estamos seguros que es suya y no tanto de todos).

Esto es nuevo. Nunca había pasado. Antes de la pandemia los periodistas habíamos podido movernos por el embolsamiento sin necesidad de un visado especial de ningún cargo devenido en virrey de la opacidad.

Cuando se le han pedido explicaciones, las ha dado, para horror de la inteligencia y la más mínima sagacidad política, que es al fin y al cabo lo que es, un político pagado, de forma excelente, por el erario público. “Aquello es un caos y por eso no podéis grabar”. “Dentro esta tarde no se puede. Hay mucho coche”, ha ido repitiendo a quienes le han ido llamando para pedir explicaciones. Nos consta que su jefe tampoco le ha hecho entrar en razón. Cada cuál sabrá lo que pasa en su negociado. O no.

Vamos a intentar explicar porqué esta situación, tan absurda como ridícula, nos parece lo suficientemente grave como para ponernos a hablar de nosotros mismos, que es algo que detestamos. Fernández Medina ni tan siquiera ha logrado su objetivo de impedirnos hacer nuestro trabajo, es más, diríamos que con sus explicaciones nos lo ha facilitado al reconocer abiertamente que la gestión que de él depende es “caótica” (inteligencia y sagacidad política dimitidas). Pero su actitud absolutamente de otros tiempos, de la era del parte, de la censura previa, y de sólo es noticia lo que la autoridad decida que es noticia, nos obliga a no dejar pasar el asunto y a señalarle públicamente.

No es hacer de algo pequeño algo grande. Es llamar a las cosas por su nombre y denunciar abiertamente la obstrucción a la información que ha pretendido este cargo público, pagado por todos, designado por ¿quién? Su derecho a estar informado y el nuestro a informar no es cualquier derecho.

Goza de la máxima protección constitucional. Es un derecho fundamental. Si se van a poner trabas convendría que las mismas estuvieran debidamente justificadas. Decir, como ha explicado Medina, que la razón para dificultar el ejercicio y disfrute de esos dos derechos fundamentales se justifica con que la realidad no me gusta y no quiero que se cuente no es una justificación de esa obstrucción.

En todo caso es el reconocimiento de su incapacidad para contribuir a mejorar la situación (por ejemplo dando orden de colocar un tiempo de espera en el cartel que se ajuste a la realidad, pero claro eso sería transparencia informativa) y reconocer su culpabilidad, negligencia, falta de inteligencia, póngale el nombre que cada uno quiera. Y es grave.

Una pregunta añadida ¿es el embolsamiento de vehículos un lugar privado propiedad de AMGEVICESA al que sólo accede quien el gerente diga o es un espacio público? Si es la segunda... A mayores, cabe preguntarse si ese es el modelo de gestión que está aplicando en la empresa pública, en todos los ámbitos de su gestión. Y parece que sí. AMGEVICESA es la única sociedad 

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