A las cuatro de esta tarde, el IES Abyla abría sus puertas a un numeroso grupo de alumnos que llegaban al centro como cualquier otro chico: con su mochila a la espalda y dentro, un libreta y un estuche. Pero la escena era especial. Se trataba de menores extranjeros no acompañados que acoge la Ciudad, porque las aulas de primera acogida ya han comenzado sus clases.
Por el momento los cerca de sesenta alumnos que recibirán clases de inmersión lingüística han sido repartidos por edades en dos aulas, para que el equipo docente vaya realizando una evaluación competencial individualizada durante la semana.
El primer grupo en llegar al centro ha sido el de los más mayores, entre los que abundaba en nombre de Adam, más formales, y procedentes de diferentes centros de acogida. Todos han escuchado con atención las palabras de Pepe Groso, coordinador del programa de primera acogida en las aulas de inmersión lingüística, traducidas por una trabajadora de la Fundación Samu. Groso les ha explicado en qué consiste el programa y que se espera de ellos y ha señalado que el reto, para todos los implicados en este proyecto, es importante, pero que es “muy gratificante”. “Educar siempre es un reto y cuanto más difícil sea, mayor compensación personal conlleva”.
La idea con la que nacen las aulas de primera acogida no es la de que los alumnos se eternicen en ellas ni que vayan pasando a las aulas “ordinarias”, un punto sobre el que Groso ha insistido con el alumnado que seguía expectante todas las explicaciones del coordinador del programa. Groso ha puesto especial énfasis en que el mérito será de los alumnos, porque el equipo docente está para “acompañar y guiar” a estos chicos que un día dejaron su casa, su país, para embarcarse en una aventura desconocida para la gran mayoría de ellos, con muchas barreras que superar, pero la primera de ellas, la lingüística, que tratarán de salvar en el Abyla.
El equipo docente ya tiene preparado el contenido que se va a impartir, en el que se ha involucrado directamente en director provincial de MEFPyD, Miguel Señor, que van “desde lo más básico a algo más complejo que permita garantizar el paso del alumno a una clase ordinaria ofrezca las mayores garantías”, señalaba Groso.
El equipo docente está compuesto por personal del Cuerpo de Maestros, en concreto cuatro profesoras de Primaria, más una profesional de pedagogía terapéutica y una orientadora, “el equipo humano que hace falta para esta primera aproximación con los alumnos”, pero Groso no descarta que, en el caso de necesitar apoyo de profesionales de otro perfil, se solicitará a la Dirección Provincial, confiado de que contarán con una respuesta positiva.