El Gobierno marroquí impide un segundo 15-S, con lo que evita la repetición de una imagen corrosiva para su reputación interior

Rabat desplegó todos sus recursos para frustrar la convocatoria que llamaba a participar ayer lunes en una entrada masiva a Ceuta. Tras su empeño, que no volviera a darse la imagen de miles de jóvenes tratando de huir del país

Frontera Marruecos aduana
photo_camera Frontera de Marruecos con Ceuta

No hubo grandes concentraciones de jóvenes en los montes próximos a la frontera, ni enfrentamientos, ni detenciones masivas. El llamamiento a cruzar a Ceuta que debía ser respondido ayer lunes por millares de personas no llegó a nada.

La experiencia del pasado 15 de septiembre, día en el que, según los datos de las autoridades marroquíes, llegaron a reunirse en la vecina Castillejos hasta 3.000 personas, había levantado cierta inquietud a ambos lados de la frontera. Pese a todo, la población de Ceuta vivió las vísperas y la misma jornada en la que se había programado el salto con absoluto sosiego, por no decir indiferencia. Una actitud muy alejada de la descrita en muchos medios nacionales, que, pese a la evidencia de lo que sucedía sobre el terreno, no renunciaron a utilizar para sus titulares términos como «tensión» o «invasión masiva».

Lo cierto es que el interés que en esta ocasión ha dispuesto el Gobierno de Marruecos con el propósito de atajar el fenómeno ha sido suficiente para impedir que la convocatoria en Castillejos se convirtiese en un problema de orden público. Rabat tenía mucho interés en ello. La imagen de miles de jóvenes intentando salir de su país a través de Ceuta no era solo un problema para el sostenimiento de unas relaciones con España que, al menos en los últimos tiempos, parecen lejos de la convulsión que las caracterizó en el pasado. La repetición de la escena que se dio el 15 de septiembre habría lanzado un mensaje a la opinión pública marroquí corrosivo para la ya maltrecha reputación del Gobierno: no hay futuro para los jóvenes.

Rabat ha puesto a trabajar a todas sus fuerzas de seguridad para evitar un segundo 15 de septiembre. Rastreo de las rutas que conducen a Castillejos y de los alrededores de la ciudad en los días previos, despliegue disuasorio de un ingente dispositivo armado en las cercanías de Bab Sebta y, sobre todo, los mensajes implícitos en las detenciones practicadas durante las dos últimas semanas, que advertían a los promotores de la movilización y a quienes tuvieran la idea de secundarla de que los castigos serían ejemplares.

La puesta en escena ya era evidente el domingo, tal y como describen los periódicos del país vecino. Desde primeras horas se dejaban ver controles policiales en las carreteras que conducen a Ceuta desde El Rincón del M’diq, Castillejos y Beliones. Los agentes batían los bosques cercanos a la búsqueda de grupos que pudieran haber burlado los controles. El resultado: ni un solo indicio de movimientos sospechosos.

No ha habido imágenes de jóvenes reclamando un futuro ante las puertas de Europa, lo que ya constituye una victoria para el Gobierno de Rabat, empeñado ahora en deslizar su tesis, no se sabe si muy consistente, de que detrás de estos fenómenos migratorios se encuentra Argelia, el enemigo.