El mar estaba en calma, pero la escena no. A una milla de la frontera del Tarajal, una menor de 15 años luchaba por mantenerse a flote cuando una patrullera del Servicio Marítimo de la Guardia Civil logró alcanzarla y ponerla a salvo. Un rescate más en un punto del Estrecho donde las historias se repiten, aunque nunca con el mismo desenlace.
La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) ha sido la que ha puesto voz al episodio. Y lo ha hecho con un mensaje que mezcla alivio y denuncia. “Nuestros agentes arriesgan todo en decenas de rescates al límite, operando sin medios suficientes y sin el reconocimiento de Profesión de Riesgo”, señalan. No es la primera vez que lo dicen, pero insisten en que cada intervención vuelve a poner el foco en unas condiciones que consideran insostenibles.
Según la AUGC, Ceuta vive una presión migratoria que no se refleja en las cifras oficiales. Aseguran que la ciudad “encabeza la presión migratoria en España, superando a Canarias o Baleares”, pero que los datos no muestran la realidad porque no incluyen “rechazos e interceptaciones” que se producen a diario en el mar.
El comunicado termina con un aviso que suena a agotamiento: los agentes estarían “sometidos a un estrés histórico sin precedentes en 30 años”. Y reclaman, sin rodeos, “soluciones y justicia ya”.
Mientras tanto, la menor rescatada sigue siendo la parte amable de una historia que, por desgracia, se repite demasiado. Hubo final feliz. No siempre ocurre.