Un grupo de 34 inmigrantes, en su mayoría de Sudán y Argelia, ha abandonado esta mañana el CETI de Ceuta para ser trasladado a la Península. La salida se enmarca en los intentos por aliviar la presión de un centro que supera el millar de residentes y ha tenido que reconvertir aulas y patios en espacios de acogida.
En la mañana de este jueves, 34 inmigrantes —la mayoría originarios de Sudán y Argelia— han abandonado el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta. Lo han hecho en silencio, con mochilas ligeras y la mirada puesta en la península. Es una salida más dentro del calendario de traslados —habituales los jueves— que busca aliviar la presión de un centro que ya supera el millar de residentes.
La sobreocupación ha transformado el Jaral en un espacio improvisado: tiendas de campaña donde antes había patios, módulos comunes convertidos en dormitorios, y aulas que ya no imparten clases. El centro, colapsado, apenas respira.
Los que parten hoy llegaron tras cruzar la valla desde Marruecos, en alguna de las incursiones que marcan el pulso migratorio de la ciudad. Han pasado meses en el CETI, esperando una plaza, una salida, una respuesta. Ahora emprenden camino hacia centros de acogida repartidos por la Península, donde también se mide la capacidad al milímetro.
Mientras tanto, el Jaral intenta recuperar algo de normalidad. En su exterior, los que dormían fuera han empezado a entrar. Pero dentro, la presión sigue. No hay margen. No hay tregua. Y las políticas migratorias del Gobierno se enfrentan a una realidad que no siempre encaja en los planes.
Los 34 que se marchan este jueves lo hacen hacia un sistema que, antes de abrirles la puerta, debe confirmar que tiene espacio. En Ceuta, mientras tanto, el CETI sigue esperando el siguiente traslado. Y los que aún aguardan, siguen contando los días.