Las torrijas, el sabor de la Semana Santa que divide y une a la calle

La Semana Santa también se celebra con sabor. Y pocas recetas despiertan tantas opiniones, recuerdos y antojos como la torrija. En un recorrido por la calle, los ceutíes lo confirman: cada uno tiene su versión favorita, desde la clásica de leche y canela hasta las rellenas más modernas que ya compiten por protagonismo.

 Torrijas / Alma Palomino
photo_camera Torrijas / Alma Palomino

La Semana Santa también se celebra con sabor. Y pocas recetas despiertan tantas opiniones, recuerdos y antojos como la torrija. En un recorrido por la calle, los ceutíes lo confirman: cada uno tiene su versión favorita, desde la clásica de leche y canela hasta las rellenas más modernas que ya compiten por protagonismo.

En un reportaje realizado en la calle, hemos preguntado a distintos viandantes por su relación con este dulce tradicional. ¿Las prefieren de leche, de vino, con miel o con azúcar? ¿Rellenas o clásicas? Las respuestas, como era de esperar, han sido tan variadas como las propias recetas.

“Las que yo hago sin duda. Las hago con leche y canela y son las mejores”, afirmaba una mujer mientras sonreía al recordar los sabores de su infancia. Otro joven, en cambio, lo tiene claro: “Ayer me comí una rellena de Lotus”.

Y en esa línea, entre los encuestados también hay quien apuesta por las las torrijas rellenas, el sabor de la Semana Santa que divide y une a la calle: torrijas rellenas. “Ya no son solo las de siempre, ahora hay muchas formas de hacerlas y todas están buenas”, comentaba una joven que reconocía preferir rellenas. 

Sin embargo, la tradición sigue pesando. La mayoría coincide en que la torrija clásica, la de pan empapado en leche, rebozada en huevo y frita, sigue siendo la reina indiscutible de la Semana Santa. Un dulce humilde en sus ingredientes, pero enorme en su carga emocional.

Más allá de las preferencias, las torrijas cumplen una función que va mucho más allá de lo gastronómico: son memoria, familia y hogar. En muchos casos, representan recetas que pasan de generación en generación y que solo vuelven a prepararse en estas fechas señaladas.

Y así, entre opiniones distintas y recetas infinitas, queda claro que la torrija no solo se come: se debate, se recuerda y se comparte. Porque en Semana Santa, cada bocado también cuenta una historia.