Aulas de primera acogida

El IES Abyla reabrirá sus aulas de acogida: primer refugio escolar para menores migrantes en Ceuta

Refugio escolar y recurso temporal: el Abyla volverá a acoger a menores migrantes en aulas de primera acogida durante el curso 2025-2026

Menores no acompañados en el aula de primera acogida / S. I.
photo_camera Menores no acompañados en el aula de primera acogida / Archivo

El Ministerio de Educación ha dado luz verde a la reapertura de las aulas de primera acogida en el IES Abyla. Cuatro grupos atenderán a menores migrantes de entre 12 y 16 años que llegan solos a Ceuta, ofreciéndoles castellano, rutinas escolares y un primer paso hacia su integración.

El IES Abyla volverá a convertirse en un refugio educativo para los chicos migrantes que llegan solos a Ceuta. El Boletín Oficial del Estado ha dado luz verde a la reapertura de las aulas de primera acogida, un recurso pensado para chavales de entre 12 y 16 años que aterrizan en la ciudad con mochila, libreta y estuche, pero sin apenas palabras en castellano y con un currículo interrumpido.

La resolución de la Secretaría de Estado de Educación autoriza la creación de cuatro aulas en el centro para el curso 2025-2026. El objetivo es sencillo y urgente: evaluar a cada alumno, darle las herramientas mínimas para comunicarse y lograr que pueda integrarse cuanto antes en un grupo ordinario.

Aulas con nombre y apellidos

No se trata de clases al uso. Los grupos, de un máximo de 15 chicos, funcionarán en horario de tarde durante cuatro horas diarias. Cada alumno contará con un plan individual, elaborado por el profesorado junto al equipo de orientación, que tendrá en cuenta no solo su nivel académico, sino también las dificultades propias de haber dejado atrás su país, su idioma y, en muchos casos, su familia.

Las materias girarán en torno a cuatro pilares básicos: aprender castellano, adquirir conocimientos esenciales para seguir el currículo, familiarizarse con rutinas escolares y normas de convivencia, y, sobre todo, aprender a socializar en un entorno desconocido.

Un profesor de Lengua Castellana y Literatura llevará la batuta en cada aula, con apoyos de pedagogía terapéutica, audición y lenguaje y orientación educativa. Todos ellos formarán parte del claustro del Abyla.

Una medida con fecha de caducidad

La resolución es clara: estas aulas son una medida excepcional y temporal. Solo funcionarán durante el curso 2025-2026. El Ministerio quiere que la estancia de los alumnos sea lo más breve posible, el tiempo justo hasta que estén preparados para pasar a un grupo ordinario.

La Dirección Provincial de Educación seguirá de cerca su funcionamiento y el Consejo Escolar deberá emitir un informe sobre el impacto del programa.

Ceuta, el reto permanente

La apertura de estas aulas vuelve a mostrar la cara más frágil del sistema educativo ceutí: la constante llegada de menores migrantes y la presión sobre unos centros que ya soportan altas tasas de alumnado con necesidades de apoyo. En agosto de 2024, la entrada masiva de menores sin escolarizar obligó al Ministerio a improvisar soluciones rápidas.

Un ejemplo basta para entenderlo. El pasado curso, el 8 de octubre, el Abyla abrió sus puertas a un nutrido grupo de chavales. La escena era la misma que en cualquier comienzo de clases: mochilas a la espalda, libretas nuevas y el nervio de lo desconocido. Pero esos chicos no eran alumnos cualquiera. Eran menores extranjeros no acompañados, atendidos en Ceuta por la Fundación Samu y guiados por el coordinador del programa, Pepe Groso, que hacía de puente —junto a traductores— entre su idioma y el castellano.

Aprender a decir “hola”

Las aulas de primera acogida nacieron con una idea sencilla: acompañar y guiar a quienes llegan a Ceuta con la vida a cuestas y la lengua como primera barrera. Para ellos, el Abyla no es solo un instituto. Es el lugar donde empiezan a decir sus primeras palabras en castellano, donde aprenden a entender un horario, a levantar la mano en clase o a compartir pupitre.

Un pequeño paso para la escuela. Un salto enorme para chavales que, un día, dejaron su casa y cruzaron un mar sin saber dónde acabarían.